PENA FURADA, ORTIGUEIRA



A Pena Furada, es una mole rocosa realmente impresionante.
Cuando el mar esta agitado, las olas rompen contra la piedra en una sonoridad y una paleta de colores alucinante. 


Si levantáis la mirada hacia el horizonte podéis descubrir en la lejanía el cabo Ortegal, y su faro.
 

 

Los acantilados de Loiba, esconden bajo sus erosionadas rocas seis inmensas playas, de arena suave, teñidas con los colores de los sedimentos marinos, salvajes, deshabitadas, donde el mar campa a sus anchas e impone su única ley. 


 Al fondo el mejor banco del mundo
  


A Pena Furada vigilada por el Faro de Cabo Ortegal.

Desde los pétreos escarpes que desafían al mar y utilizan las gaviotas para su reposo, el viajero puede vivir deslumbrantes atardeceres sobre la apacible ría de Ortigueira que asciende tierra adentro, el cabo Ortegal que navega en las profundas agua del Atlántico como un rompe olas recortando su silueta sobre el perfil del horizonte, roto por la secuencia del viento y el batir del mar. 



SUBMARINO PÉTREO

 


Un lugar donde los escasos bañistas, por las dificultades del acceso, gozan de la belleza de este rincón secreto de Galicia, sin que nadie les moleste, rodeados por una naturaleza salvaje, preñada de tonalidades y de inquietantes secretos que el mar descubre con su enérgico oleaje y inauditos susurros.

 
El acceso a los seis arenales de Loiba se hace por pequeñas sendas que descienden zigzagueando por los acantilados tapizados por un mosaico vegetal de escaso porte azotado por el viento marítimo, en algunos casos el sendero se convierten en escaleras talladas en la roca por los pescadores o asiduos del lugar.




 El de O Picón, Ribeira Grande, Ribeira do Carro, Os Castros, Gaivoteira y O Coitelo, son calas que invitan al placer, la libertad y el baño integral en medio de la salvaje naturaleza, un bien cada vez más escaso en las costas de la Península Ibérica.

Al fondo Estaca de Bares
Aunque se suceden unas con otras, las playas de Loiba son muy diferentes en su formación y en la arena que las cubre. En Os Castros, la arena es de color grisáceo como los acantilados que la protegen y de grano gordo, y en los fondos marinos se suceden los montículos de roca recubiertos de una gran variedad de algas, crustáceos y otras especies marinas, con aguas verde esmeralda, trasparentes y limpias.



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