PUEBLO MARINERO DE REDES, ARES

“En Ares non te pares, en Redes non te quedes e en Caamouco para pouco”. La malévola cantinela popular no le hace justicia a este coqueto rinconcito de la coruñesa ría de Ares. Un pueblo marinero y diminuto como los que ya casi no quedan, abrazado a un mar calmo y parsimonioso que apenas recuerda al fiero Atlántico de unas pocas millas más hacia el oeste. Pero lo verdaderamente asombroso, es esa estrecha camaradería entre las olas y las casonas construidas con salida al mar. Erigido en un tiempo en que no se conocían ni la Ley de Costas ni menos aún ese instinto depredador de los nuevos urbanicidas, el pueblo quiso dotarse de acceso directo al que era el principal de sus aliados. Un lugar de extrema belleza y tranquilidad, donde los vecinos pueden tocar la ría desde la ventana de su casa o embarcarse nada más cruzar el umbral de la puerta, como si de “la Venecia gallega” se tratase.


Su topónimo procede de una tradicional costumbre de los pescadores. Antiguamente, tras recoger la pesca del día colgaban las redes a secar sobre unas estacas colocadas en el puerto. Estas estructuras de madera sobre las cuales se colgaban las redes todavía se conservan hoy en día. Esa tradición se rememora cada año en verano durante la celebración de la fiesta de La Cabria.



Redes son media docena de calles. Y no es un decir. Se llaman Arriba, Medio, Abaixo, Nova y Ribeira, abrazadas todas ellas por la carreterita general, rebautizada como avenida de Gaspar Rodríguez en honor del que fuera primer alcalde del entonces Ayuntamiento de Caamouco. 



También cuenta con una plaza, la del Pedregal, que se asoma al puerto y anima a disfrutar de un refrigerio mientras se constata la quietud de la tarde perezosa.


La plaza del Pedregal es la gran protagonista en Padre Casares, en la que Redes se convierte en el concello de San Antonio de Louredo y su construcción más famosa, “la casa azul”, en el ayuntamiento. 



Este edificio, sin estilo definido, es el más fotografiado por los visitantes que acuden a conocer el lugar de rodaje de la famosa serie gallega.


Hay que callejear por el pueblo de esencia marinera y descubrir sus rincones, con algunas coloridas casas de indianos, construidas por los emigrantes retornados de América a principios del siglo XX.  



La mayoría de estas casas son de inspiración cubana, ya que Cuba fue uno de los centros de emigración más importantes en la zona, como la CASA DE CONCHA AMADO (Casas de Indianos página 151). 



Corre el año 1894 y Don José López Martínez emprende con trece años de edad, el camino de la migración que le llevará a Cuba. Allá en el Caribe comienza trabajando con sus vecinos de Redes hasta que un emigrante vasco, propietario de un negocio de ferretería, le ofrece un nuevo empleo. Se abren entonces nuevos horizontes de prosperidad, pues en asociación con su patrono se pone en marcha “Aspuru y Cía.”. Durante los retornos temporales al pueblo natal encarga primero la remodelación de la casa materna en 1915 y, posteriormente, su ampliación en 1920. 



Un conocido constructor de Franza (lugar del vecino ayuntamiento de Mugardos), Brage, lleva a buen término las obras siguiendo en todo momento el expreso gusto del propietario. A los portugueses Domingo Pires y Domingo Viana se confía la confección de los motivos decorativos, que realizan mediante moldes de escayola para dar forma al cemento.





Un paseo por la cuestecilla de la Rúa Nova resulta revelador. 


Columpios que van a dar al mar, escalinatas que se sumergen en las aguas, hórreos y barquichuelas compartiendo idéntico campo visual. 





Toda una rareza. Esas moradas no son ostentosas, ni mucho menos, pero sí bien cuidadas. Sobre todo las balconadas, tan presumidas ellas.







Redes también sedujo al director Pedro Almodóvar para el rodaje de su película “Silencio” y el plató no es otro que un buen aprovechamiento de un escenario construido al borde del Atlántico. La CASA DE PACO BELLO (Casas de Indianos página 147), se ubica en un solar de acusada pendiente a caballo entre el mar y la calle que da acceso a ésta y a otras viviendas adyacentes. 



En 1875 nace en Redes (Ares) Don Francisco Bello Casteleiro, uno más de los que, adolescentes, pusieron rumbo hacia La Habana con propósito de mejorar su calidad de vida. Sus comienzos en la pesca de la charna y el pargo en barcos de propiedad de emigrantes aresanos le permiten posteriormente adquirir varios de esos “viveros”, destacando entre todos ellos el “Amable María”. El característico apego a su pueblo natal va unido a su empeño en remodelar la casa materna, en vez de levantar una de nueva planta. Encarga su propósito a Don José Cirilo y a Don Robustiano, carpinteros y maestros constructores que inician las obras en el año 1900. Del mismo modo que en la casa de Concha Amado y otras viviendas del entorno, los portugueses Domingo Pires y Domingo Viana se encargan de realizar el ornamento de las fachadas. Con una periodicidad de cinco años Don Paco retorna y es entonces cuando la remesa monetaria que trae consigo permite seguir avanzando en la reforma de la vivienda, que inaugura finalmente en el año 1915.



El ingenio de los indianos, regresados de las Américas a principios del siglo XX, permitió aprovechar el trazado natural de la aldea junto al mar y levantar un pueblo colorido, con sucesivas casas de diferentes tamaños y con un encanto derivado de una conservación buscada por los habitantes de la parroquia. Ha transcurrido un siglo, pero la escenografía colonial se conserva intacta, sino fuera por los cables de la luz.


La caminata hasta a la Punta de Modias es breve, pero agradecida. 






Este pequeño cabo alberga las antiguas baterías de costa pertenecientes a la fortaleza defensiva que protegía la entrada a la ría de Ares. Fue construida en el siglo XVIII y ahora se encuentra en ruinas, pero es un excelente punto panorámico para apreciar la belleza de la ría de Ares.






Según citan Cornide y Madoz, la BATERÍA DE REDES fue construida entre 1757 y 1773. Situada en la punta de Modias, es del tipo de “batería colateral”, aunque las exigencias de adaptación al terreno le impusieron algunas diferencias, como es que su batería forme una línea quebrada en cuatro segmentos, y que su frente de tierra sea especialmente llano. Las ocho troneras que tiene abarcan 180º. La forma difícil de la muralla de la frente de tierra, influyó en la planta irregular del acuartelamiento interior.






En el siglo XIX, las modificaciones en la artillería y los cambios políticos y económicos de este período obligan a modernizar la arquitectura de las fortificaciones principales, quedando las baterías menores en desuso, con el consiguiente deterioro.



En la actualidad, la antigua batería de Redes conserva algunas estructuras en desigual estado, destacando por su conservación las troneras de la zona frontal, restos de enlosado original y la bóveda correspondiente al polvorín de la batería.




Luego, siempre se pueden seguir los caminos rurales (sin señalizar, faltaría más) hasta la cercana PLAYA DE SABADELLE, una calita plácida y recóndita que mira ya en dirección a Ares.

VISTAS DE LA RÍA

Pero si queremos un poco de arena bajo los pies en el mismo pueblo de Redes, la Rúa da Ribeira desemboca en la PLAYA DE AREA MORTA, desde la que se contempla toda la insólita hilera de casas anfibias, volcadas sobre el agua y mecidas por las mareas.


Desde Area Morta, podemos adentrarnos por el bosque que se extiende, espeso y frondoso, por toda la margen norte de la ría. Los caminos son angostos y carentes de indicación. Pero no hay pérdida: dejando el mar siempre a mano derecha, es posible bordear unos cinco kilómetros de COSTA y desembocar en la playa de A Magdalena, ya en el concello de CABANAS.





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