CONVENTO DE SAN MARTIÑO DE VILALOURENTE, MONDOÑEDO


Allá en donde la pendiente de la montaña mira a Mondoñedo, a unos dos kilómetros de distancia de su núcleo de población, se funda el convento de SAN MARTÍÑO DE VILALOURENTE, popularmente conocido como MOSTERIO DOS PICOS debido al atuendo de los primeros monjes que lo habitaron. Se parte, para ello, de las ruinas de una antigua ermita; vinculada con un fraile, Diego Fernández que será su primer ministro y que cuenta, para ello, con el permiso y apoyo del obispo don Francisco (1367-1393) y de su cabildo. Tal como indica Graña, en tal fundación, “no interviene ningún representante de la nobleza laica gallega”.

VISTA DEL MONASTERIO DESDE LA ALAMEDA DOS REMEDIOS

VISTAS DE MONDOÑEDO

No es posible dar una fecha de fundación, pero sí podemos afirmar que estaba en pleno auge en 1382. En ese año el Rey Juan I de Castilla le otorga un privilegio a 25 de abril de dicho año. En tal privilegio, que confirma otro dado por su padre el 9 de agosto de 1379, se hace constar su gran devoción por el monasterio de “Vialaurente”, lugar –según nos dice- donde “se acogen muchos romeros y peregrinos de los que van al Apóstol Santiago…” . En 1687, se realiza un lienzo del claustro donde estaban bodega y panera y, en el 1692, se realizará la reedificación del mismo así como de la casa, desde la capilla mayor de la iglesia, la sacristía y el cuarto de la hospedería. Estas obras fueron realizadas por las malas condiciones que el inmueble presentaba en esa época. Serán los comienzos del siglo XVIII, época de trabajo en la capilla, siendo en 1701 el momento del derrumbe y reedificación de la torre de las campanas para darle mayor altura. 


Años más tarde, en 1715, se procede a la construcción de la iglesia actual, obra sufragada por el obispo Juan Antonio Muñoz y Salcedo.

SEPULCRO DE MUÑOZ Y SALCEDO EN LA CATEDRAL DE MONDOÑEDO
Hoy la visita a este convento, en ruinas, no está permitida. El edificio actual cuenta con un claustro cerrado por tres tramos con la iglesia en el cuarto. La misma presenta planta rectangular y cúpula sobre el altar mayor. Fue vaciada tras su abandono. En su visión exterior domina la presencia del campanario, de planta cuadrada, con ciertas semejanzas al de otros conventos terciarios regulares – sobre todo MONTEFARO y, en algún aspecto, MELIDE-. Aun cuando su construcción se ha relacionado, en cuanto a patrocinio, con el obispo Muñoz y Salcedo (1705-1728), el escudo episcopal que, en su cuerpo, puede verse, nos acerca, en sus blasones a los de Carlos Riomol y Quiroga (1752-1761); sin embargo se presentan en una ordenación diferente al que de este prelado puede verse en la fachada del palacio episcopal mindoniense;...


... acompaña a este escudo del campanario un epígrafe que dice “ AÑO 17?5” .


También es de interés la portada que, cercana a esta torre, ampara la puerta de la iglesia. En su hornacina, hoy vacía, hubo una imagen de San Francisco que, según el Inventario Artístico de Lugo, en su tomo IV (1980), “se halla en una casa cercana”. El escudo que se muestra, más arriba, es el propio de la Orden Tercera Regular. Desde la información que facilita el citado Inventario, tiene “…una nave con tres tramos cubiertos de nervadura gótica y cúpula con linterna…”. Se cita, además, el retablo mayor, obra que se data en 1722 y que se estructura a partir de columnas salomónicas; también se relaciona con el obispo Muñoz y Salcedo igualmente, su ejecución, con la pintura y el dorado incluido. Lo más relevante de la imaginería de este templo se guarda en el SEMINARIO – Inmaculada, San Juan Bautista, San Jerónimo Santo Domingo de Guzmán, San Rosendo, San Agustín - y en el MUSEO DIOCESANO - San Francisco-.


Será en tiempos del obispo Bartolomé Cuienfuegos (1816-1827), mediante la Ley de 25 de octubre de 1821, cuando se suprime este convento ordenándose entonces que la mitad de sus frailes se trasladasen a Melide y la otra mitad a Montefaro, ambos, también, de los terciarios regulares.


La subida al monasterio se conoce con el nombre de "Calvario" por la existencia de un  VÍA CRUCIS bastante deteriorado (sólo quedan 9 estaciones de las 14 que debería de haber), en el empinado camino que lleva hasta el monasterio, partiendo de una capilla – hoy prácticamente destruida- dedicada a San Blas, lo que, también, remite a la línea devocional impulsada por los franciscanos.




Esta construcción cuenta con una serie de pequeñas hornacinas donde se puede observar una pequeña escultura de temática religiosa. El viacrucis remata en el interior del monasterio.




En las proximidades podemos visitar el CASTRO DE ZOÑÁN. Un clásico dentro de la arqueología gallega pues fue el primer castro en ser escavado en el año 1867, aunque después no se volvió a trabajar en él hasta 2002.

CASTRO DE ZOÑÁN

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