MONASTERIO DE SANTA MARÍA DE ACIVEIRO , FORCAREI

El Monasterio de Santa María de Aciveiro, fue un monasterio cisterciense fundado en el siglo XII, enclavado en Tierra de Montes, en los altos de la Serra do Candán, y a orillas del río Lérez.


El monasterio se construyó sobre unos terrenos ocupados por un gran bosque de acebos (acivro), del cual viene el topónimo Aciveiro. En la actualidad la iglesia se utiliza como iglesia parroquial y es uno de los mejores ejemplos del románico gallego. El resto de dependencias monacales se utilizan como local de hostelería tras su restauración. Está considerado como Monumento Histórico Artístico desde 1931 y también tiene la consideración de Bien de Interés Cultural. (BIC)


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La historia del Monasterio de Aciveiro es extensa, fue uno de los siete monasterios más importantes de la Edad Media gallega, pues las donaciones y privilegios reales le dieron  una gran importancia económica y política, obteniendo envidias entre los nobles y el clero gallegos, lo que le supondría enfrentamientos con todos los ámbitos de la sociedad de la época. Según una inscripción situada en la pared sur de la iglesia, fue fundado el 4 de febrero de 1135 por el rey Alfonso VII de Castilla, reuniendo para su fundación doce monjes  benedictinos, que con el tiempo llegaron a ser más de un centenar. En 1162 el monasterio adoptó la regla cisterciense,  quedando como filial de la Abadía de Claraval, y en 1170 se consagró la iglesia del monasterio  a Santa María, siguiendo lo ordenado por San Bernardo para todas las iglesias de la Orden. Desde principios del siglo XV, la Casa de Ulloase convirtió en encomendera de este monasterio. Posteriormente pasó a la Casa de Altamira con el matrimonio entre Vasco Lope de Ulloa e Inés de Moscoso y más tarde al arzobispo de Santiago, Alonso de FonsecaEn estos años proliferaron los abades comendatarios, eran abades que en muchas ocasiones no residían en el monasterio y se limitaban a recibir las rentas, sin prestar ningún beneficio a la comunidad religiosa. A principios del siglo XVI se produjo un importante declive en el poderío del monasterio, viéndose por ello, obligado en 1518, a incorporarse a la Congregación Cisterciense de Castilla, desapareciendo la figura del comendador y la del abad, pasando a presidente-abad. Un  presidente-abad fue fray Martín de Pueyo, que dirigió la comunidad desde 1581 a 1587, durante su mandato, ante la falta de espacio en los edificios monacales, se proyectó la construcción del edificio que llegó hasta nuestros días.



 Se iniciaron las obras por la fachada de la iglesia en el año 1586 y fue maestro de obras Xoán da Fonte, vecino de Acibeiro, quien las realizo. En el año 1589 los miembros del Santo Oficio de Compostela, ante el temor de que el corsario Drake, que tenía sitiada A Coruña,  atacase Santiago, se trasladaron con los fondos y papeles del Santo Oficio a Acibeiro, tratando de protegerlos del ejército inglés. 
Durante toda su historia el convento mantuvo una gran cantidad de pleitos relacionados con sus propiedades y privilegios. Eran tantos los pleitos que tenían  frailes residiendo en Santiago, Coruña y Valladolid, para ocuparse de su tramitación y la defensa de los intereses del convento. 
Estos pleitos se hallan expresados en El Tumbo Grande de Aciveveiro de 1617, y se conserva en el Archivo Histórico de Pontevedra, así como una copia de este en el Archivo Histórico Nacional, en el que reflejan las posesiones, los pleitos acopiados por el monasterio, y privilegios de este.
En noviembre de 1649, siglo XVII, parte del Monasterio fue destruido por un incendio, quemándose las dependencias del ala izquierda del edificio, con el claustro alto, que era donde estaba la cocina, perdiéndose la biblioteca y el archivo.



 Más tarde, durante la Guerra de la Independencia, siglo XIX, volvió a ser pasto de las llamas. Las tropas napoleónicas que se habían refugiado en él, al ser atacadas por los paisanos lo abandonaron, pero antes lo saquearon y prendieron fuego, la tarde del 30 de abril de 1809. Después de este ataque se volvieron a emprender obras de reconstrucción por parte de los monjes que fueron llevadas a cabo por el maestro arquitecto José de Castro Vallejo. La comunidad continuo hasta mediados del año 1835, pero con la Desamortización de Mendizábal, en el monasterio solo  quedaron tres religiosos con el objeto de conservar sus bienes y mantenerlo en pie. Finalmente en 1842 se realizó la liquidación y subasta pública del patrimonio del convento.
Aunque era un monasterio  económicamente modesto. Sus posesiones incluían cotos, tierras aforadas, encargos, beneficios parroquiales, granjas, neveiras, ganado, etc. Además del coto del Candán, su dominio y jurisdicción se extendía a múltiples parroquias de Deza y Trasdeza.
Uno de los pilares de la economía de la comunidad era el ganado. Por los acuerdos con las comarcas  limítrofes controlaban tanto el ganado doméstico como el salvaje, así como el uso de los pastizales. Completaban la economía con la explotación de los bosques y dehesas, estando prohibida la tala de leña sin licencia del monasterio.
Las neveiras de los montes de Candán, también fueron una fuente importante de ingresos. Estas neveiras datan del siglo XVII. Los monjes comerciaban con la nieve surtiendo a las ciudades gallegas y llevándola a otras ciudades del interior de la Meseta. Para este comercio, se aprovechaba el paso por el Candán del Camino Real, que unía el monasterio de Acibeiro con Ribeiro de Avia, donde los monjes tenían también viñedos, aprovechando la Vía romana que unía Lugo con la ciudad de Pontevedra. Durante el siglo XVII el convento perdió la exclusividad del hielo y comenzaron a proliferar neveras pertenecientes a particulares y otras instituciones, por lo que el valor de las neveras del monasterio disminuyó significativamente.

Del primitivo monasterio apenas quedan muestras, ya que las reformas realizadas desde la mitad del siglo XVI en adelante, incluso hasta el año 1813, lo hicieron desaparecer. 


La fachada del monasterio hace ángulo recto con la de la iglesia. Tiene un pórtico de acceso de estilo clásico y una balconada de hierro fundido apoyada sobre ménsulas.


Tiene dos claustros. Entrando, el claustro del curro, es rectangular y de grandes dimensiones. Servía como lugar de recepción de los frutos,  de “eira de mallar” y como lugar para guardar el ganado que pastaba en los montes del convento.





Atraviesa el trayecto por este claustro, entre lapidas medievales con grabados gremiales que nos recuerdan a las famosas laudas de SANTA MARIA A NOVA en NOIA.


 Hay una fuente datada en el año 1802. 





A la derecha, está el acceso a las cuadras, gallineros y viviendas de los pastores y personal al servicio del convento. A la izquierda, hay un paso abovedado con bóvedas de medio cañón que lleva a las dependencias monacales y al claustro.


El claustro procesional es una obra realizada en la segunda mitad del siglo XVIII. Es el mejor conservado de todos. De traza clásica, se cierra con muros de cantería de piedra labrada adornados con pilastras cuadrangulares y una imposta que marca la planta y se remata con una cornisa con gárgolas en las esquinas.



Entorno al claustro se distribuyen las antiguas dependencias: La cocina es una de las piezas mejor conservadas.



De planta rectangular, se abre al exterior por medio de dos ventanas y se cubre con una bóveda. Destaca en ella la chimenea.

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 Contaba con agua corriente,  torno que comunicaba con el refectorio y una pétrea fresquera, antecesora del frigorífico: se trataba de una pequeña cámara entre dos gruesos muros, donde se conservaban los alimentos perecederos con la ayuda del hielo procedente de las cercanas neveiras do Candán.

 El refectorio datado en el año 1802 y a un lado se encuentran las cortes cubiertas con bóveda de medio cañón, que conserva el piso adoquinado con las canalizaciones de evacuación y ocho comederos de una piedra.



Otro de los departamentos a destacar es el gran salón, posible sala capitular. Se trata de una obra del siglo XVI y que presenta tres puertas de acceso y a la que dan luz siete ventanales; el scriptorium, las caballerizas y las celdas de los monjes, todas estas dependencias se distribuyen entorno al claustro siguiendo las pautas cistercienses.



En el corredor del claustro bajo se encuentra una puerta románica de finales del siglo XIII, deteriorada por modificaciones posteriores y que da acceso al capítulo, una de las estancias más grandes del convento y que en sus muros conserva restos románicos reutilizados de las primeras edificaciones del monasterio.


Las estancias monacales fueron restauradas en el año 2005 y convertidas en un hostal-monumento.

La iglesia es muy interesante, es el único elemento románico que queda del monasterio. Se reformó la fachada occidental y la torre campanario y se abrieron nuevas ventanas y puertas, así como una nueva sacristía que se adosó al muro sur y parte del cubo del ábside.

PUERTA ACCESO A LA SACRISTIA.
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Es un templo de planta basilical, divida en tres naves, rematada en una cabecera de tres ábsides.



 En el exterior destaca el ábside central, por su mayor altura y por su perfil poligonal de cinco lienzos, cada lienzo, posee una ventana con arquivolta que descansa sobre capiteles vegetales y geométricos.







El alero esta ricamente decorado con rombos sobre cenefas de florones entre los variados canecillos.


Los absidiolos laterales son semicirculares y en el lienzo que linda con el ábside central, hay una ventana y un óculo sobre ella.


 La decoración bajo el alero del ábside es a base de capiteles vegetales, geométricos...


... y con canecillos de diferente hechura.


El alero de los absiolos se presentan de la misma manera, pero en lugar de florones presenta motivos enlazados.


En la base del lienzo norte del ábside central, hay una lauda funeraria que lleva fecha de 1182.



En el segundo tramo de muro del lado norte, se abre una portada románica, es la puerta de difuntos, que linda con el actual cementerio.







Se compone de dos series de arcos y columnas, la columna de la derecha es  estriada y con capiteles historiados. Las arquivoltas están decoradas con cadenas, estrellas caladas, flores y ajedrezados. 



Las naves están sostenidas por pilares de planta cuadrada, con semiculumnas adosadas en los frentes en la nave principal y columnas adosadas a los muros, en las que se apoyan los arcos formeros y transversales. Estas columnas están contrarrestradas al exterior por contrafuertes prismáticos. 


En el interior el templo se divide en cinco tramos, señalados en los muros exteriores por contrafuertes que los refuerzan. En cada tramo se abre una ventana adintelada. Sobre los arcos forneros de los muros que separan las naves, hay arcos semicirculares sobre columnas a manera de “falso triforio”.




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 En la nave norte destaca, un altar pétreo seguramente románico, con un altorrelieve representando La ultima cena”.



 En la decoración de los capiteles existentes en las naves, predominan figuras antropomorfas, elementos vegetales y bestiario con seres monstruosos y mitológicos como leones alados. En la cabecera, la capilla mayor se cubre con una bóveda estrellada de estilo gótico datada en el siglo XVI. En el centro aparece el escudo del monasterio.

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La iglesia, sirvió de panteón de algunos nobles de las Tierras de Montes, Deza y Trasdeza. La casa de los Camba, también conocida como la de los Churruchaos, tenía en él capilla, la llamada de don Álvaro. De los  muchos enterramientos que acogería solo se conservan dos: Uno situado en la nave de la izquierda, que es de tipo estola y que en su tapa está grabado un estilizado báculo. La tradición lo señala como perteneciente al abad Gonzalo das Penas (siglo XV).que gobernó  la comunidad desde el año 1429 hasta su fallecimiento hacia el año 1475. Tras su muerte el pueblo le dio tratamiento de santidad y tejió alrededor de su figura numerosas leyendas, como la recogida por Ramón Cabanillas en su obra "O oso de Oseira".


Añahttps://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/4/47/Lapida_sepulcral_2_mosteiro_de_aciveiro.jpg/800px-Lapida_sepulcral_2_mosteiro_de_aciveiro.jpg
El segundo sepulcro también carece de inscripciones y está decorado con virutas heráldicas con ajedrezados propios de la familia Bermúdez de Castro, puede datarse en los primeros años del siglo XVII. Posiblemente sea Don Pedro Martínez, noble gallego, posiblemente natural de la propia Terra de Montes, que hizo importantes donaciones al convento. 

leyendahttps://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/6/64/Lapida_sepulcral_mosteiro_de_aciveiro_1.jpg/800px-Lapida_sepulcral_mosteiro_de_aciveiro_1.jpg
La fachada del templo, de estilo barroco, fue totalmente rehecha a finales del siglo XVIII, y no conserva nada de su fábrica románica. Su construcción fue finalizada en el año 1792.



El hastial de la fachada actual es de estilo neoclásico, se caracteriza por su sobriedad. En el  tímpano hay una antigua imagen de la Virgen con el niño en el regazo y sobre ella se abre una ventana cuadrangular abocinada.



 La fachada se remata con una cruz pétrea cilíndrica sobre  un pedestal y a la izquierda se sitúa el campanario con una espadaña compuesta de dos cuerpos, que fue restaurada en el año 1911 al haber sufrido graves daños por el impacto de un rayo en enero de 1900.


También contemplaremos dos preciosos cruceiros. Uno en el claustro del curro, de tres gradas, pedestal cuadrado  y varal poligonal, sobre él se apoya un capitel ricamente tallado, donde descansa una cruz con la imagen de Jesucristo por un lado, y en el adverso una hermosa Virgen con querubines.



Frente a la fachada del monasterio, en la explanada, se encuentra otro cruceiro, el más destacado, obra de  José Ferreiro.


Levantado en el año 1893, por el anverso representa la figura del Redentor y una Verónica en el varal. En el reverso la Inmaculada Concepción sostenida por ángeles. Esta sobre una plataforma de tres escalones e introducido en el primer de ellos un posadoiro.




En definitiva un lugar con mucho encanto y ahora además escenario de una serie televisiva: “El Final del Camino” 2017.

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