Aunque sus primeras reseñas poblacionales se remontan al Paleolítico, la
referencia más significativa y relevante la encontraremos en el CASTRO DE SANTA TREGA (enlace a nuestra publicación), habitado entre los siglos I a.C. y el I d.C., a los pies del
cual posteriormente se asentaría la actual villa.
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VISTA DE A GUARDA DESDE SANTA TREGA
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Su escenario ribereño propició que sufriera diferentes invasiones. Vándalos;
las tropas de Almanzor; los Vikingos; los portugueses durante la Guerra de Restauración Portuguesa, en la que estos toman la villa y el CASTILLO DE SANTA CRUZ (enlace a nuestra publicación); o durante la Guerra de Independencia contra
los franceses.
Pero este lugar, que también tuvo su pasado templario, supo rehacerse de
todos aquellos episodios cruentos, convirtiéndose en una atractiva y colorida
localidad típica marinera.
Un agradable paseo por su casco histórico nos descubrirá buena parte del importante patrimonio que atesora, así como hermosas rúas y plazas; o
el atractivo paseo marítimo con su importante puerto, donde se ve; respira y
saborea su esencia más marinera.
Partiendo del MONUMENTO A LOS MARINEROS (en el que se resalta el
duro trabajo de las gentes del mar, así como el de las mujeres rederas), comenzamos
nuestro recorrido en este balcón privilegiado al océano que es su PASEO
MARÍTIMO, no sin antes detenernos en uno de los muchos restaurantes que
asoman a este, donde el mar se sirve en el plato.

La fachada marítima de A Guarda forma parte de su núcleo histórico y
constituye una de las imágenes más reconocibles de la villa, casi como una
postal viva. Se presenta como un mosaico de colores y formas. Un conjunto de
viviendas que parecen apilarse unas sobre otras, trepando desde la primera
línea de costa hacia el interior, como si quisieran asomarse todas al mar.

Este conjunto se integra en el conocido BARRIO DE LA MARINA, el
alma más marinera de A Guarda. Entre el paseo marítimo y la calle Malteses se
levantan las edificaciones más antiguas, testigos silenciosos de una época en
la que este rincón estaba habitado casi exclusivamente por pescadores. Aquí,
cada piedra parece conservar la memoria de redes tendidas al sol, de madrugadas
en el mar y de regresos cargados de historias.
Recorrer hoy por este paseo marítimo es explorar un escenario donde cada
día se representa la misma obra con infinitas variaciones: el regreso de los
barcos, las gaviotas disputándose el aire, el olor a salitre mezclado con el de
la cocina marinera, y el murmullo constante del mar.
Al levantar la vista aparece (si la niebla lo permite) , vigilante y silencioso, el MONTE SANTA
TREGA, guardián de piedra que observa la vida de la villa desde hace
siglos.
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| SANTA TREGA DESDE EL MALECÓN |

Allí nos topamos el MONUMENTO AL MARINERO
DESAPARECIDO.
Desde aquí tenemos una excelente perspectiva de la bocana del
puerto, a la que parece mirar esta figura, que representa la incertidumbre; el
dolor y soledad de una mujer, esperando a uno de sus seres queridos, que este
indomable mar no le ha devuelto.
Del otro lado de la calle se encuentra el histórico LAVADOIRO E FONTE DA RIBEIRA, reedificado en 1854. En torno a este pequeño rincón se desarrollaba una parte esencial de la vida diaria: el ir y venir de los cántaros, el sonido del agua corriendo y las conversaciones que, entre lavado y lavado, tejían la vida social de la villa. Hoy, más silencioso pero igualmente lleno de historia, sigue recordando ese pasado humilde y comunitario que forma parte del alma de A Guarda.
En el año 1558 los hermanos Álvaro, García, María e Isabel Ozores de
Soutomaior, bisnietos de Pedro Madruga, decidieron
fundar un monasterio de monjas sometidas a la regla de San Benito. Las monjas
benedictinas abandonarían el convento en 1983, convirtiéndose, hoy en día, en
un afamado hotel monumento.
Su pequeña iglesia deteriorada, se reconstruye en el s. XVIII y ahora se dedica al culto parroquial.

En la portada lateral de estilo barroco se localizan los blasones familiares de la familia Ozores de Sotomayor y de la orden de San Benito.





En la fachada de este Convento también hay un barómetro aneroide acompañado de
un panel que recuerda al científico y jesuita ilustrado Baltasar
Merino Román. Ese conjunto tiene un gran valor histórico porque conecta la
villa marinera de A Guarda con los inicios de la meteorología científica en
Galicia.

El científico realizó observaciones meteorológicas sistemáticas
(temperatura, viento, presión, lluvia). Estudió los temporales del Atlántico
que afectaban a la costa gallega. Y en 1893 publicó el libro “Estudio sobre las
borrascas en la costa occidental de Galicia”, basado en datos recogidos entre
1881 y 1890. A finales del siglo XIX los naufragios eran frecuentes. Tras una
tragedia ocurrida en 1892 en la costa portuguesa de Póvoa de Varzim, donde
murieron más de cien pescadores, Merino impulsó el uso de barómetros aneroides
para detectar la llegada de borrascas o temporales.

Gracias a esos estudios se promovió la instalación de barómetros en
puertos y los marineros podían vigilar la presión atmosférica y regresar antes
del temporal. Por eso se dice que “el barómetro de A Guarda salvó muchas vidas”.
“En vista, pues, de las indiscutibles
ventajas que puede proporcionar y de su insignificante coste, de esperar es que
los que se confían casi diariamente a la merced de las olas y de los vientos se
hagan con tan precioso aparato”, escribió.

Ascendemos por coquetas y empinadas callejuelas que convergen en plazas
llenas de vida o elementos destacados de su patrimonio. Así, en medio de la
Praza Juan
Bautista Alonso, se alza el también conocido como CRUCEIRO DO MONTE REAL.
Evidentemente, el cruceiro es anterior a la
configuración actual de la plaza y durante siglos estuvo situado en un punto
que marcaba uno de los accesos al núcleo histórico de la villa, conocido
antiguamente como Monte Real, pequeño altozano cercano al casco antiguo, cuando
el urbanismo de A Guarda era mucho más pequeño que hoy.

Este cruceiro tiene una combinación de imágenes muy común en los
cruceiros gallegos: En la parte central del fuste aparece el Apóstol Santiago
con su bastón de peregrino. En la parte frontal de la cruz está Cristo
crucificado con la inscripción INRI. En la parte posterior aparece la Virgen
con el Niño, colocada sobre una figura de ángel. Cristo representa la
redención, la Virgen la protección, y Santiago recuerda la tradición jacobea de
Galicia.
Durante nuestro paseo también pudimos contemplar algunas de las citas
literarias favoritas de los vecinos que, con motivo del Día del Libro
del 2020 se pintaron en algunas de las rúas y plazas de la Villa.
Y así llegamos hasta la PRAZA DO RELÓ (Plaza del Reloj),
que recibió otros nombres en función de la época
y situación política del momento: Plaza Mayor hasta el s. XVI; de la
Constitución; más tarde de la República y luego de España.
Antes de ser plaza constituía el foso de la muralla que rodeaba la villa,
rellenándose para construir los edificios que
configuran la plaza que hoy podemos admirar. De estos los más
emblemáticos son: el AYUNTAMIENTO; la TORRE DEL RELOJ y la CASA DE LOS ALONSO, una de las tantas casas indianas que salpican
este ayuntamiento.
Antiguamente la torre protegía uno de los accesos a la urbe. En el cuerpo
observamos dos motivos escultóricos: el escudo heráldico del obispo de Tuí, Diego Fernández de Torquemada, señor
jurisdiccional de la villa que ordena levantar esta torre en el s. XVI, blasón que
contiene una torre envuelta en llamas (turris
cremata-torquemada) y el escudo heráldico de la villa.
Y algo más abajo se distinguen los escudos
nobiliarios de familias como los Correa y los Ozores.
La iglesia parroquial, originalmente
románica, se rehace en el s. XVI, siendo también obispo de Tuí, Diego Fernández de Torquemada. En el interior destacan el retablo de la capilla mayor de estilo
borrominesco (s. XVIII), dedicado a la Asunción de la Virgen María; el Cristo yacente,
obra del escultor local Cándido Sobrino y el Cristo Crucificado en el retablo del
altar de las ánimas, que según la tradición popular, es una imagen recuperada del
mar, donde fuera arrojada por los católicos ingleses en la época de Henrique
VIII.
Aquí, como en la Torre del Reloj,
otros dos blasones grabados en granito nos muestran nuevamente, los escudos
heráldicos del Obispo tudense D. Fray Diego Fernández de Torquemada, en cuyo
pontificado se llevó a cabo la construcción de casi todo el templo y el de las
armas de A Guarda, representado por un barco arbolado pero con las velas
recogidas.
En nuestro descenso
hacia la zona del malecón en el paseo marítimo,...
... nos topamos con una llamativa
construcción, un MOLINO DE VIENTO. Debido a falta de pequeños
cursos de agua, en A Guarda se conservan algunos ejemplos de este tipo de
edificaciones construidas en el s. XVIII.
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| MOLINO DE LA REGENTE |
A lo lejos divisamos otro algo más deteriorado, es una lástima no poder
contemplarlos con su primitiva fábrica, totalmente restaurados.
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| MOLINO DEL PENEDO DA GUÍA |
“Yo vi, de niño, girar
esos costeros molinos,
que ayudaban a pintar
los crepúsculos marinos.
paraban los campesinos
sus carros a la Oración,
para ver con emoción
aquel paisaje inefable…
¡y aquel cuadro inolvidable
vive en mi imaginación!”
Don Julio Sesto, profesor, escritor y poeta afincado en Méjico.
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| MOLINO DE LA REGENTE |
Llegados al final de paseo marítimo se nos presenta la ATALAYA, reconstrucción
de la antigua fortaleza levantada por los portugueses, cuando A Guarda,
permaneció en poder del país vecino durante
tres años (1665 a 1668).
Originalmente esta fortificación circular, abovedada y con piezas de
artillería, se emplazaba en el dique que cierra el puerto por el Oeste y
comunicaba en la bajamar con tierra firme. En épocas de paz servía de faro hasta
que en 1943, contra la opinión popular, fue derribada para permitir la
ampliación del dique.
Reconstruida a finales del s. XX albergar el MUSEO DO MAR que alberga
patrimonio relacionado con la vida marinera y una curiosa muestra de conchas de
todos los mares del mundo, colección realizada por el malacólogo Ignacio
Navarro. Algunas de las piezas que se exhiben tienen un alto valor etnográfico,
por ser únicas y porque hace muchas décadas que desaparecieron. También cuenta
con diversos puntos de información táctil y una proyección audiovisual sobre el
mundo del mar y de la pesca en A Guarda.
En el barrio de la Cruzada visitamos la ERMIDA DE SAN CAETANO, construida en el s. XVII en un lugar estratégico ya que fue guía de los
navegantes. La actual campana procede del barco inglés "Collingudod", que en 1735 evito el
naufragio cuando divisó la capilla. En el atrio de esta
ermita muy reformada, se observan dos bellos cruceiros, así como unas
estupendas vistas de la villa.
Desde este punto, podemos dirigirnos por la costa hasta la Parroquia de Camposancos,
donde admirar el hermoso Espacio Natural que conforma la desembocadura del Río
Miño.
Para ello podemos aprovechar la RUTA DE LAS CETÁREAS y detenernos en alguna de estas curiosas construcciones, que junto a sus
molinos antes mencionados, también forman parte del significativo patrimonio etnográfico
de este ayuntamiento.
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| VISTA DE LA CETÁREA DESDE SANTA TREGA |
En el siglo XIX fueron construidas en A Guarda varias CETÁREAS, a las que
solamente se podía acceder con la marea baja. Para poder construirlas tuvieron
que esperar a las mareas más bajas y utilizar cementos especiales para que al
subir la marea no diera al traste con todo lo construido. Su finalidad era la
conservación de los crustáceos vivos, sobre todo langostas, lubrigantes, bueyes
de mar, nécoras, centollas y hasta camarones. A partir de los años setenta del
siglo XX, las cetáreas ya se llamaban viveros, por estar construidos en tierra,
en bajos de edificios destinados al efecto, divididos en grandes tanques de
cemento por donde circulaba el agua de mar que previamente era bombeada desde
la costa. Este sistema fue adoptado por la facilidad de trabajo con los
crustáceos y porque se podía recoger el marisco cuando así lo demandaban los
clientes, sin esperar a que bajase la marea.

La gastronomía guardesa goza de reconocida fama gracias a la
extraordinaria calidad de sus productos y, en especial, de la langosta, por
ello desde el año 1991, de modo ininterrumpido, se viene celebrando en Julio la
Festa da Lagosta y desde el año 2000, incluyó también una muestra de la
gastronomía local con nuevos mariscos y moluscos, por lo que pasó a denominarse
FESTA
DA LAGOSTA E DA COCIÑA MARIÑEIRA DA GUARDA.
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| VISTA DE A GUARDA DESDE EL MONTE SANTA TREGA, A LA DERECHA PARTE DEL CASTRO |
VISITA OTROS
SORPRENDENTES LUGARES DEL AYUNTAMIENTO DE A
GUARDA EN EL ENLACE, CON UN MAPA PARA LLEGAR A A CADA UNO DE ELLOS.