Nogueira de Ramuín no es solo un lugar en el mapa: Es un balcón natural hacia el abismo del CAÑÓN DEL RÍO SIL (enlace a nuestra publicación), que aquí se convierte en un espejo para los dioses. Testigo del fascinante abrazo eterno entre el Miño y el Sil, recordándonos el viejo refrán gallego que aquí cobra vida ante los ojos del viajero: “o Sil leva a auga e o Miño a fama”. Laberinto de bosques encantados que susurran secretos de meigas entre robles y musgo. Custodio de un asombroso monasterio y templos milenarios que son, sin duda, su refugio más sagrado. Heredero de viñedos verticales que desafían la gravedad, donde cada uva guarda el sol de una tierra indomable. Valedor del eco de los "afiadores", cuyo legado todavía pervive. Y poseedor de una historia antigua tallada a golpe de cincel y muesca en cada piedra del camino.
| Abrazo del Miño y el Sil |
Prepara la mochila, vamos a perdernos en el hechizo de esta mágica parte de la Ribeira
Sacra.
Si algo define a este municipio es su espiritualidad tallada en la piedra
del MONASTERIO DE SANTO ESTEVO DE RIBAS DE SIL, donde el silencio se vuelve oración. Este
antiguo cenobio benedictino (hoy Parador), es, sin duda alguna, la joya
monumental del municipio y uno de los monasterios más impresionantes de toda
Galicia.
Fundado en la Alta Edad Media, cuenta con tres claustros —el Claustro de
los Obispos, donde la luz juega con los capiteles historiados; el
Claustro de los Caballeros, de una elegancia sobria; y el
Claustro del Vivero, una joya del gótico tardío— que son, sencillamente, poesía
visual.
Su IGLESIA, otra joya esculpida en el siglo XII, más que un templo
es un cofre de piedra que custodia los secretos del románico más puro.
Cruzar su umbral no es solo entrar en un edificio; es hundirse en un
suspiro eterno de devoción y misterio. El aire se vuelve denso al encontrarse
con la mirada inmutable de sus tallas y la opulencia de sus retablos, pero es
el RETABLO PÉTREO el que hiela la sangre y maravilla el alma: una escena
congelada en granito donde Jesús y sus doce apóstoles parecen aguardar a que el
visitante les susurre un secreto.
Sin embargo, el verdadero enigma descansa en lo invisible, en la frontera
entre la fe y la leyenda. Allí, protegidos del paso del tiempo, se guardaban
los anillos mágicos de nueve obispos santos. Dicen que estas joyas no solo
portan oro, sino el eco de milagros antiguos y un poder que la razón no alcanza
a explicar.
Nogueira es un libro abierto escrito en piedra. Desde los albores de la
humanidad hasta la arquitectura que domina el paisaje, aquí el pasado nunca se
fue. La tierra tiene memoria y los antepasados dejaron mensajes que aún hoy
intentamos descifrar.
Así, los numerosos petroglifos dispersos por el municipio nos transportan miles de
años atrás, hasta el arte rupestre de la Edad del Bronce. Entre todos ellos
destacan los PETRÓGLIFOS DE LAMAFORCADA (enlace a nuestra publicación), uno de los primeros conjuntos
catalogados en el concello. Sobre la superficie de la roca se despliega un
lenguaje ancestral de formas y signos: círculos concéntricos con dos, tres e
incluso cuatro anillos que rodean una cazoleta central, pequeñas cazoletas
dispersas y líneas que se entrelazan formando figuras tan simples como
enigmáticas.
Pero son muchos más: PETROGLIFOS DO CORNIÑO; PETROGLIFOS DA ESPIÑEIRA; PETROGLIFOS DOS CONGOSTROS; PETROGLIFOS DA PITEIRA; PETROGLIFOS DO CEGAL DO MEDIO; PETROGLIFOS DE PAPÍN - PETRA ESCRIPTA; PETROGLIFOS DE RESOUTO; ALTAR DA ESPERELA; PETROGLIFOS DO MOLLÓN; PETROGLIFOS DE VER DE FONDO. Contemplarlos al atardecer, cuando la luz rasante resalta los surcos, es
asomarse a un mensaje tallado hace milenios, un diálogo silencioso entre
quienes habitaron estas tierras y quienes hoy se detienen frente a la piedra
para intentar descifrarlo.
En sus Monumentos Megalíticos la muerte se celebraba con la eternidad de
la piedra. La NECRÓPOLE MEGALÍTICA DE AS CABANAS de Moura (enlace a nuestra publicación), no
es un sitio monumental ni espectacular a simple vista. Pero cuando sabes que
esas piedras llevan más de cinco mil años aquí, el lugar cambia por completo.
Entonces entiendes que no estás ante simples colinas… sino ante uno de los
rincones donde Galicia guarda su memoria más antigua. Y quizá, si el viento
sopla lo bastante fuerte, todavía puedas escuchar algo de aquella historia.
Aquí, donde los ancestros dormían bajo el granito, se ha instalado uno de
esos columpios panorámicos que se han hecho tan famosos en Galicia. Balancearte
en el llamado BAMBÁN
DO SOLPOR (enlace a nuestra
publicación), con el
aire de la Ribeira Sacra golpeando la cara y un paisaje abierto hacia poniente,
siendo especialmente hermoso al atardecer, de ahí su nombre. Cuando el sol
comienza su retirada, verás cómo el cielo de la Ribeira Sacra se incendia en
naranjas y púrpuras.
Seguimos entre rocas que han visto pasar siglos y épocas distintas.
Ahora, los restos de un antiguo asentamiento fortificado nos susurran historias
de un tiempo anterior a la llegada de Roma. Aquí, donde hoy se abre el MIRADOIRO DOS PENEDOS DO CASTRO (enlace a nuestra publicación), latía hace más de
dos mil años un poblado de la Edad del Hierro, encaramado en lo alto como un
centinela de piedra.
No era un lugar elegido al azar. Desde esta atalaya natural se vigilaba el paso del Sil, ese río indomable que se abre camino entre paredes imposibles, esculpiendo el paisaje con paciencia de eternidad. Hoy, al asomarte a la cima de este antiguo castro, la vista sigue siendo un espectáculo que corta la respiración. Ante ti se despliega el profundo surco del Río Sil, encajado entre murallas naturales que parecen levantadas por gigantes.
Más allá, las tierras
se abren en un mosaico de verdes y ocres, y entre ellas emerge, majestuosa y
serena, la silueta monumental del MONASTERIO mencionado
anteriormente, como si el tiempo hubiese decidido dejar allí otra huella eterna
en el paisaje.
En este rincón de la Ribeira Sacra el pasado se perpetúa, como no podía
ser de otro modo, en extraordinarios templos que coleccionan el eco de mil rezos.
En la iglesia parroquial de SAN MARTIÑO DE NOGUEIRA late la esencia del románico rural, humilde y elegante, como si el
tiempo hubiese decidido detenerse hace nueve siglos para no interrumpir la fe
de quienes cruzan su umbral. Sus dos portadas invitan a entrar despacio, casi
con reverencia, mientras los canecillos — pequeñas esculturas que guardan
secretos bajo el alero — observan desde lo alto, cómplices de siglos de
historia.
Más allá, SAN CRISTOVO DE ARMARÍZ aparece como una página arrancada del siglo XII. Su portada recibe al
viajero con la sobriedad de la piedra que lo ha visto todo. En el ábside,
pequeñas ventanas se abren como ojos del pasado: miradas de otro tiempo que
esconden figuras humanas, animales y formas vegetales, un lenguaje silencioso
tallado para quien sabe detenerse… y mirar de verdad. En su vientre de piedra,
la pila bautismal rotunda, casi eterna, nos lleva de la mano al siglo XIII con
sus motivos geométricos. A su lado, la pila de agua bendita, más discreta pero
igualmente cargada de historia, completa este pequeño tesoro de piedra que ha acompañado
generaciones enteras de vida, fe y memoria.
En la parroquia de Loña do Monte, a más de 900 metros de altitud, se alza
la ERMITA DE LA VIRGEN DEL MONTE, un pequeño santuario del siglo XVIII consagrado a
la Virgen María que parece tocar el cielo de estas montañas.
El templo descansa en un hermoso enclave de media montaña, rodeado de
naturaleza y de una tranquila zona recreativa donde el silencio del paisaje
solo se rompe una vez al año. Cada 15 de agosto, el lugar despierta con una de
las tradiciones más emocionantes de la zona: una multitudinaria peregrinación
que reúne a vecinos y visitantes en torno a la devoción y la fiesta. Ese día,
los habitantes de los pueblos cercanos ascienden caminando hasta la ermita para
acompañar a la santa en una solemne procesión. El recorrido, de unos cuatro
kilómetros, serpentea entre montes y senderos mientras cánticos, pasos y
emoción se mezclan con el aire fresco de la sierra. Después, la imagen regresa
a la iglesia parroquial, cerrando una jornada que une fe, tradición y paisaje
en una misma experiencia.
Y, en medio de los caminos, casi como un susurro detenido, aparecen numerosos
Petos de Ánimas. El de EIRADELA, inmenso en
significado. Coronado por un elaborado cruceiro donde Cristo se recorta contra
el cielo y flanqueado por dos figuras humanas que parecen vigilar el paso del
tiempo, este peto no es solo piedra tallada: es creencia, es tradición, es ese
diálogo constante entre los vivos y lo invisible.
No todo en Nogueira pertenece a la bruma del medievo. Hay también huellas
más recientes, donde la piedra sigue contando historias, pero con otro pulso,
otra intención. Así, el PAZO DA SEARA se alza con la serenidad de quien conoce su
origen. Construido a comienzos del siglo XVIII, sus muros guardan una memoria
aún más antigua: la piedra que lo forma procede del desaparecido monasterio de
San Vicente.
No muy lejos, el PAZO DE CELEIROS nos habla de otra época y de otra mirada. Levantado en el siglo XIX bajo
las órdenes del clérigo Xoán Martínez, su presencia combina elegancia y
sobriedad, como tantas construcciones que nacieron entre la fe y la tierra.
Muy cerca del majestuoso Monasterio, el paisaje guarda uno de esos
secretos que no aparecen en los mapas… El PONTE DE GUNDREI cruza con firmeza el regato de San Miguel. A una distancia de unos 500
metros río abajo, están los restos de un gran molino. Su arquitectura nos hace
pensar que no se trata de una simple pontella, sino de una construcción ideada
para la ocasión y hecha para resistir. Por ello es probable que esté
relacionada con el monasterio y su cronología se pierda en el siglo XVII o
XVIII.
Más allá de los grandes monumentos, uno de los mayores atractivos de
Nogueira de Ramuín está en sus pueblos tradicionales con encanto. Así, a tan
solo 3 kilómetros de Luíntra, en la parroquia de Santa Cruz de Rubiacós, ESPARTEDO
aún conserva la esencia de los pueblos y aldeas típicas de la campiña gallega.
Destacan el empedrado de su calle principal y la arquitectura popular de sus
casas. Aquí nacieron historias: las del escritor Xosé Fernández Ferreiro y los
primeros recuerdos del productor Cesáreo González, como si el talento también
brotara de la tierra.
Enclavado en la ladera que desciende hacia el río Sil, encontramos el
pequeño y hermoso pueblo de PARADELA en la parroquia de Santo Estevo de
Ribas de Sil, con vistas privilegiadas al cañón. Aquí nace un sendero de
ensueño de 1,3 km que nos llevará al monasterio de Santo Estevo, atravesando
frondosos bosques de robles y castaños.
Situado en la ladera que domina la depresión de Ourense y el río Miño, se
encuentra LIÑARES, pueblo de singular belleza perteneciente a la
parroquia de San Martiño de Nogueira.
Como anécdota, cabe mencionar que las famosas «Tarazanas», ruedas de afilar que los afiladores ambulantes
transportaban en carretilla durante sus viajes, comenzaron a fabricarse en la
segunda mitad del siglo XIX en un taller de carpintería establecido en este
lugar. Si afinas el oído, aún puedes imaginar el giro metálico de esa rueda:
una banda sonora antigua que nunca se ha ido del todo.
Y es que Nogueira es también tierra de oficios perdidos. Es la cuna de
los AFIADORES (Afiladores), esos
trotamundos que con su rueda a cuestas, recorrían medio mundo sin dejar de
avisar de su llegada con el chiflo (pequeña flauta hecha de cañas) y su consecutivo grito de
“¡Aaaaafiladooooooor!.
Ese grito aún resuena en el eco de los cañones. Eran hombres de mundo que
hablaban O Barallete, una jerga cifrada y misteriosa que convertía su
oficio en una logia inexpugnable. Si aguzas el oído en las tabernas de Luíntra,
quizás caces alguna palabra de ese código antiguo. Ellos
convirtieron a Ourense en "A TERRA DA CHISPA", bautizada por
el fuego brillante que saltaba cuando el acero se rendía a la piedra de afilar.
No te pierdas el monumento que los honra, símbolo del espíritu
emprendedor y errante de esta tierra y un homenaje a esos hombres que llevaron
el nombre de su pueblo por toda Europa y América.
En Nogueira el paisaje se rinde ante sus dos grandes protagonistas: los
ríos Miño y Sil. Durante millones de años, el agua ha escavado cañones
imposibles rodeados de paredes graníticas y viñedos en bancales que forman uno
de los paisajes más icónicos de la Galicia interior. Es aquí, en esta frontera
natural, donde los ríos se funden para partir juntos hacia el Atlántico,
imitando —como un último homenaje— el eterno y errante caminar del afilador.
Aquí el vértigo no es miedo, es una forma de belleza. Los MIRADORES DE
NOGUEIRA son palcos de honor suspendidos sobre el gran teatro de la Ribeira
Sacra. Cada roca asomada al vacío es una butaca privilegiada desde la cual
contemplar una perspectiva insólita, un ángulo nuevo de este paisaje colosal
que parece diseñado por un gigante con alma de artista.
Si hay un lugar donde el Sil parece detenerse a contemplar su propia obra
antes de desvanecerse en el Miño, ese es el MIRADOR DE MOURA (enlace a nuestra publicación), también
conocido con el nombre de Miradoiro da Lampa. Desde este emplazamiento
privilegiado (entre las presas de San Esteban y San Pedro, último escalón
artificial de este gran río) la panorámica no es solo una vista; es una lección
de geografía sagrada.
Pero este viaje no se detiene. Nogueira guarda aún más miradas, más
rincones donde el paisaje se convierte en emoción… y poco a poco iremos
desvelándolos, como quien no quiere romper el encanto de un secreto.
En lo alto de la Serra de Corveira, donde el aire parece más ligero y los
pensamientos vuelan más lejos, aguardan otros miradores: El MIRADOR DO
PÉNDULO, toma su nombre de una curiosa formación rocosa en equilibrio que
recuerda a un péndulo. Ante tus ojos, el valle del Miño y el embalse de Velle
se despliegan en una alfombra de plata y verde, recordándote lo pequeños —y a
la vez inmensos— que somos.
Quizá por eso, la Asociación Móvete por Nogueira decidió dejar aquí una huella distinta: una
puerta muy fotografiable conocida como "PUERTA DE LA FELICIDAD”. Y
no es difícil entender por qué. Cruzarla —aunque solo sea con la mirada— tiene
algo de ritual, de promesa sencilla, de instante que merece ser guardado.
Apenas cien pasos después, el camino te ofrece un refugio para el
espíritu. Se llama A TRONA DOS PENSAMENTOS, un banco que más bien parece un confesionario frente a la naturaleza.
Es el lugar exacto donde los secretos se pierden entre las montañas y la mente,
cansada de ruidos, decide por fin sentarse y dejar que los pensamientos
encuentren su propio camino.
Y si aún te quedan fuerzas para seguir el rastro de la belleza, a tan
solo 600 metros te espera el MIRADOIRO DO NIÑO DA POMBA. Como su nombre
sugiere, es un nido colgado del cielo, el último balcón de este enclave donde
las vistas te obligan a jurar que, tarde o temprano, volverás a este rincón
sagrado.
En el MIRADOIRO DO ENCORO DE SANTO ESTEVO, el paisaje no solo se contempla: también se
entiende. Aquí, las vistas se combinan con la memoria. Los paneles
interpretativos nos susurran la historia de la presa, el esfuerzo humano que
transformó el curso del Río Sil y dejó su huella entre estas montañas.
Si levantas la vista sobre la carretera, descubrirás el esqueleto de un
tiempo pasado: la estructura de un ANTIGUO FUNICULAR. Fue el cordón umbilical que unía el abismo con la aldea donde los
constructores del gigante soñaban con el descanso. Es una ventana a la vida
suspendida, un recordatorio de que bajo este cielo, la ingeniería y el destino
caminaron de la mano.
Y si decides seguir adelante, dejando que la carretera te lleve sin prisa
hacia Os Peares, apenas 2,6 kilómetros más allá, el camino te regala otra
sorpresa. A la izquierda, escondida entre la vegetación, aparece la FERVENZA
DE SANTO ESTEVO desplegando su velo de espuma blanca. Una cascada que
parece brotar del corazón mismo de la montaña para recordarte que, Galicia es
agua.
Pero también puedes optar por acercarte al embarcadero de Santo Estevo y
realizar un paseo en catamarán por este Cañón del Sil, descubriendo extraordinarias
panorámicas que algunos consideramos las más sorprendentes y
hermosas de la Galicia interior. Enormes masas rocosas, que en algunas zonas se elevan hasta casi quinientos metros en
vertical sobre las aguas del río. Estas laderas guían
al río a través de amplias curvas y meandros, que forman algunos de los
rincones más mágicos de toda Galicia.
Pero hay otra forma de
descubrir este paisaje. Una forma más lenta… más profunda… casi hipnótica. Puedes
acercarte al EMBARCADERO DE
SANTO ESTEVO y dejar que sea el propio Río Sil quien te guíe. Subir a
un catamarán aquí no es solo un paseo: es cambiar de perspectiva. Es pasar de
mirar el cañón… a formar parte de él.
Desde el agua, todo crece. Las
paredes de granito se elevan con una fuerza casi sobrecogedora, alcanzando en
algunos puntos cerca de quinientos metros de verticalidad. Son murallas
naturales que no encierran, sino que protegen. Que no limitan, sino que
envuelven. Y mientras avanzas, el río dibuja curvas amplias, meandros perfectos
que parecen trazados con una paciencia infinita. Cada giro revela un escenario
nuevo: Un viñedo imposible colgado de la ladera, un riachuelo que se desliza
por la roca; un silencio que solo rompe el agua. Y entonces entiendes por qué
muchos consideran este lugar uno de los paisajes más sorprendentes y hermosos
de la Galicia interior, en pleno corazón de la Ribeira Sacra.
Más salvaje, más primitivo, el MIRADOIRO DE "PÉ DO HOME" (42°24'04.8"N 7°38'05.5"W) se abre
entre colosos de granito quebrados hace más de 50 millones de años. Entre esas
moles gigantes, el Río Sil avanza sereno, surcado por pequeñas embarcaciones
que, vistas desde arriba, parecen insignificantes. Y sin embargo, es en ese
contraste donde uno comprende la verdadera escala de la naturaleza.
Y si afinas la mirada, si dejas que los ojos se deslicen más allá del
horizonte y bajen por la escarpada ladera, descubrirás una forma que parece
dibujada a mano sobre la tierra. Allí, discreta pero firme, resiste la ALVARIZA DO VELLO. Una estructura circular de mampostería que, a primera vista, podría
parecer un simple vestigio olvidado. Pero no lo es. Es memoria. Es ingenio. Es
supervivencia. Estas construcciones nacieron para proteger uno de los tesoros
más dulces de la tierra: la miel. Y lo hacían frente a una amenaza que hoy
suena casi a leyenda, pero que fue muy real: los osos que antaño habitaban
estas montañas.
Muy cerca, en el MIRADOR PENA DO POBRE, casi como un guiño al
viajero, espera O MELLOR BANCO DA RIBEIRA SACRA (42º 24' 49.1" N - 7º 40' 08.9" W). Un
banco. Solo eso… y todo. Sentarse aquí es aceptar una pausa, rendirse a la
belleza sin prisa, con la mirada perdida entre el embarcadero y la presa de
Santo Estevo. Hay lugares que no necesitan más. Mirador muy cercano al conocido como Pé do Home. Se
encuentra al borde de un precipicio donde se obtienes vistas sobre el río Sil.
Apenas a diez minutos a pie desde la Iglesia de Santiago de Cerreda, el
camino se desliza suave, casi en silencio, hasta llevarte a otro de esos
rincones donde el paisaje decide mostrarse sin reservas. El MIRADOR DE AS
ESCADAS aparece sin estridencias, como si no necesitara anunciarse. Y quizá
por eso sorprende más. De pronto, el valle del Río Sil se abre ante ti. Amplio.
Profundo. Vivo.
Y para el final, uno de esos instantes que se quedan grabados para
siempre: el MIRADOIRO DE "VILOUXE" (42º 22' 43.3" N 7º 37' 25.7" W). Probablemente, el más
impactante de cuantos se asoman al cañón del Sil en este municipio. Frente a
ti, la inmensa mole de granito dibuja un meandro perfecto, casi irreal, como si
la naturaleza hubiese querido dejar aquí su firma más rotunda. Ese mismo trazo,
ese mismo gesto del río, es el que ha dado la vuelta a mil miradas y
fotografías desde otros balcones legendarios. Es el punto final de un viaje por
las alturas que te deja, literalmente, sin palabras.
El territorio de Nogueira de Ramuín no solo se mira: se recorre y se
pisa. Está tejido por extensos robledales y soutos de castaños que cambian con
las estaciones, como si el paisaje tuviera su propio estado de ánimo. Entre
ellos, antiguos caminos rurales serpentean en silencio, invitando al viajero a
perderse… o quizá a encontrarse. Caminar aquí es adentrarse en un mundo donde
las formaciones graníticas, muy características del paisaje de la Ribeira Sacra,
emergen como esculturas naturales y los senderos parecen guardar la memoria de
quienes los recorrieron siglos atrás.
Entre todas las rutas posibles, algunas destacan como auténticas puertas
de entrada a este universo:
La PR-G 253 RUTA GRANÍTICA DE MOURA, es un viaje entre roca y bosque. Atraviesa
paisajes modelados por el tiempo, conecta miradores que ya hemos sentido y se
adentra en la esencia más pura de la Ribeira Sacra.
La RUTA DO FARRICOQUE, es, quizá, una de las más completas. Une miradores, restos megalíticos,
caprichosas formaciones de granito y el mágico Bambán do Solpor. Es el lugar
donde naturaleza, arqueología y paisaje se entrelazan hasta formar un relato
único.
Desde el Monasterio de Santo Estevo parte la RUTA SAN XOÁN DE CACHÓN, un recorrido de 6,8 kilómetros que se adentra en bosques autóctonos
donde la luz se filtra entre las hojas y el silencio se convierte en compañero
de viaje.
El nombre de la PR-G 178 RUTA DO MAQUINO LARGAÑO significa “camino largo” y es un homenaje al
mencionado barallete. Los paisajes
varían entre zonas de cultivo muy humanizadas y tupidos bosques de robles,
castaños o abedules. También destacan las vistas desde los magníficos miradores
o la imponente panorámica sobre el monasterio que ofrece el Castro de Litoria,
encumbrado sobre los grandes peñascos graníticos.
Y las rutas homologas: PR-G 71 Ruta Pombar - Rebordondo; PR-G 72 Ruta loña do Monte- Virxe do Monte; PR-G 73 Ruta Faramontaos - Nigueiroá; PR-G 74 Ruta Valdopereiro - O Campo; PR-G 75 Ruta Nogueira - Liñares; o el Camiño da Amargura. Estas rutas son historias que se recorre
con los pies… y se guarda para siempre en la memoria.
Nogueira de Ramuín no es un punto en el mapa, es el vértigo de sus
cañones, el eco de los afiladores y la paz de un claustro románico. Se visitan
monumentos: se recorren bosques milenarios, se contemplan cañones imposibles y
se descubren huellas de las primeras comunidades que habitaron Galicia. Un
territorio donde naturaleza, historia y paisaje se entrelazan a cada paso.
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