COIRÓS

Este pequeño ayuntamiento, escondido entre los ríos Mandeo y Mendo, colinas verdes y brumas suaves, es un poema escrito en granito y musgo donde empaparse de la magia rural de Galicia.

Aquí, el románico brota casi de forma natural, como si las iglesias hubieran nacido de la propia tierra. Son varios e interesantes los ejemplos de este legado medieval que salpica parroquias y aldeas. Templos sobrios, de muros firmes y alma silenciosa, que han resistido siglos de lluvia, viento y fe, y que hoy siguen contando historias a quien se detiene a escucharlas.

Entre ellas, la Iglesia de SAN SALVADOR DE COLLANTRES (enlace a nuestra publicación), un secreto bien guardado donde sus muros hablan de una Edad Media sobria y espiritual. La iglesia ha visto pasar generaciones enteras, ha escuchado campanas de fiesta y de duelo, y sigue ahí, fiel a su misión de ser faro tranquilo en medio del paisaje rural.

En la iglesia de SANTA MARÍA DE OÍS (enlace a nuestra publicación), es fácil imaginar a los canteros medievales trabajando al ritmo lento del sol, escuchando el golpe del cincel como si fuera una oración repetida.

En la piedra dejaron pequeñas huellas de su mundo: capiteles tallados con intención, CRUCES ANTEFIJAS que miran al cielo y otros detalles discretos que hoy descubrimos con ojos viajeros y alma curiosa, como quien lee entre líneas un mensaje llegado desde siglos atrás.

Además, en el atrio de la iglesia se alza un bonito CRUCEIRO, guardián de piedra que vela el lugar desde hace generaciones. Y muy cerca, en el mismo atrio, la tierra ha devuelto a la luz un SEPULCRO ANTROPOMORFO, testimonio silencioso de un enterramiento altomedieval.

La iglesia de SANTIAGO DE OÍS (enlace a nuestra publicación) es testigo de un momento de transición, de ese lento pero constante cambio decorativo que comenzaron a experimentar las iglesias rurales de Galicia cuando el tiempo cruzó el umbral del siglo XII al XIII. Un románico que empieza a abrirse, a suavizar sus formas, a dejar entrar nuevas ideas sin renunciar del todo a la sobriedad que lo define.

Y, como en tantos templos de la zona, las CRUCES ANTEFIJAS que aún hoy se conservan, nos hablan de manos expertas y de un saber transmitido de generación en generación.

SAN XULIÁN DE COIRÓS (enlace a nuestra publicación) es un templo nacido entre finales del siglo XII y los albores del XIII, en el que sobresalen numerosos detalles que transforman la piedra en relato y convierten la visita en un diálogo íntimo con la Edad Media.

Desde aquí podemos acercarnos a la ermita de SANTA BAIA DA ESPENUCA (enlace a nuestra publicación), un pequeño cenobio envuelto en historia y leyenda, que se revela como un milagro de piedra suspendido entre el cielo y la tierra.

Además, es lugar de romería y encuentro, un espacio donde lo sagrado y lo festivo se dan la mano desde hace generaciones. Durante siglos, las gentes han subido hasta aquí cargadas de promesas, agradecimientos y celebraciones, dejando en el aire un eco persistente de pasos, risas y oraciones que aún hoy parece flotar alrededor de la ermita, como un susurro que el viento se niega a borrar.

SANTA MARIÑA DE LESA (enlace a nuestra publicación) es una iglesia del siglo XIII, nacida en ese momento delicado en el que el románico comienza a mirar hacia el gótico sin abandonar del todo su esencia.  

Pero hay un detalle que atrapa la mirada y despierta la curiosidad del viajero atento: la singular forma exterior de su ábside, que se aparta de lo habitual y no llega a ser plenamente rectangular. En él se abre una ventana ojival, elegante y esbelta, dividida por un parteluz que anuncia nuevos lenguajes arquitectónicos.

A apenas 800 metros, monte arriba, aguarda el SANTUARIO RUPESTRE DE PENA FURADA (enlace a nuestra publicación), un lugar donde la piedra y el misterio caminan de la mano. Allí, pudo practicarse en época romana el culto pagano a la diosa Navia, divinidad de las aguas y de los caminos invisibles.

Con el paso del tiempo, ese culto primitivo habría encontrado una nueva forma de expresión, trasladándose a la mencionada iglesia de Santa Mariña, como sucedió con tantos rituales galaico-romanos. Un ejercicio de conciliación espiritual en el que los antiguos dioses se transformaban en santas y santos, adaptando la fe sin borrar del todo su origen. Así, la enigmática Moura de Pena Furada habría acabado convertida en Santa Mariña, tejiendo un puente entre el mundo pagano y el cristiano, entre la leyenda y la devoción, en uno de esos procesos tan propios de Galicia donde la memoria nunca desaparece: simplemente cambia de nombre.

Y entre iglesia e iglesia, la naturaleza toma la palabra, porque Coirós guarda un rico patrimonio natural, exuberante y sereno, que se despliega en valles abiertos, ríos que avanzan con prisa y montes cubiertos de verde infinito. Un paisaje que se revela al caminante a través de sus numerosas rutas de senderismo, auténticos hilos invisibles que cosen historia y paisaje con cada paso.

Entre ellas, la ruta PR-G 35 O RÍO DOS DOUS NOMES (enlace a nuestra publicación) destaca sin discusión como una impresionante ruta de agua y molinos. Un recorrido donde se produce una hermosa simbiosis entre un entorno casi salvaje y la mano del hombre, que supo intervenir con respeto para aprovechar los recursos del río Vexo o río Fervenzas (conocido por ambos nombres), afluente del río Mandeo.

Aguas arriba, marcando la frontera natural entre los municipios de COIRÓS y ARANGA, aparece la PONTE DO ASNO (enlace a nuestra publicación). Un puente humilde, de nombre curioso y encanto irresistible, que no solo salva el curso del río: salva el tiempo. Bajo sus piedras han pasado siglos de pasos anónimos, historias pequeñas y viajes sin nombre que hoy forman parte de su leyenda silenciosa.

No muy lejos de allí, el mismo río Vexo o río Fervenzas, vuelve a sorprender al caminante con otro enclave de gran belleza: las FERVENZAS DE FERVENCEDO (enlace a nuestra publicación). Un tramo mágico, ya en el municipio vecino, donde el agua se despeña y el paisaje se llena de fuerza y movimiento, recordándonos que este río no solo modela la tierra, sino también la memoria del lugar.

El ÁREA RECREATIVA DE CHELO es otro regalo natural que confirma que en Coirós cada paso guarda una recompensa. Su privilegiada ubicación, a orillas del río Mandeo, nos permitirá realizar numerosas rutas que llaman a caminar sin prisa, dejándose guiar por el murmullo constante del agua y el crujir suave de las hojas bajo los pies. Son caminos que enlazan templos, antiguos balnearios y leyendas, que unen piedra y agua, memoria humana y naturaleza viva.

Una de estas sendas que no solo se caminan, se viven y se recuerdan mucho después de haber guardado las botas es: la ruta SM-11 COTO DE CHELO - CENTRAL HIDROELÉCTRICA DO ZARZO (enlace a nuestra publicación). Un sendero que se permite el lujo de caminar por ambas orillas del río Mandeo, donde la belleza no es un destino, sino el propio trayecto.

Otra es la SM. 13. 1 CHELO – OS CANEIROS, una ruta variante de la SM.13 RUTA DE PADERNE (enlace a nuestra publicación) que discurre  junto al fascinante curso bajo del río Mandeo (importante espacio natural catalogado como LUGAR DE INTERÉS COMUNITARIO-LIC “BETANZOS-MANDEO”, también incluido como ZONA DE ESPECIAL PROTECCIÓN DE LOS VALORES NATURALES y muy recientemente declarado RESERVA DE LA BIOSFERA “MARIÑAS CORUÑESAS E TERRAS DO MANDEO”), hasta el CAMPO DOS CANEIROS (enlace a nuestra publicación), lugar emblemático, que se utilizó tradicionalmente por la gente de Betanzos, para celebrar todos los años en agosto la "Xira dos Caneiros", en la que subían en lancha o a pie desde Betanzos, a comer los excedentes de la comida del día del patrón.


No menos interesantes son la SM.09 · DE AS PÍAS A ZARZO, una ruta circular de 10,6 km que parte del Ponte das Pías y avanza entre paisajes tranquilos hasta alcanzar la iglesia de Santiago de Oís, donde la piedra vuelve a tomar la palabra; y la SM.08 · RUTA DE AMBALASAGUAS A AS PÍAS, un recorrido circular más corto, de 3,4 km, ideal para saborear el entorno sin prisas.

O la SM.15 RUTA BTT MONTE DO GATO, un recorrido de 20 km que asciende hasta el monte homónimo, donde se alcanza el punto más alto del municipio, a algo más de 500 metros de altitud. Este macizo granítico marca los límites naturales entre ARANGA, COIRÓS y OZA-CESURAS, desplegando un paisaje tan amplio como sugerente. Un territorio que guarda una notable riqueza natural e histórica, convertido en un auténtico libro abierto del pasado: mámoas y petroglifos emergen entre la vegetación como testigos de las primeras civilizaciones que habitaron estas tierras. En su cumbre destaca la TORRE DE TEODOMIRO, vestigios de una fortaleza altomedieval que fue declarada Bien de Interés Cultural en 1994.

Y por último, la SM.14 RUTA DO MENDO, una ruta lineal de 8,65 km que discurre tranquila junto a la ribera del río Mendo. Aquí el paisaje se vuelve más íntimo y pausado, acompañando al caminante entre molinos tradicionales y pequeños puentes, donde el agua vuelve a marcar el ritmo del recorrido.

Y así, casi sin darnos cuenta, Coirós se queda con un pedazo de nosotros. Entre iglesias de piedra callada, senderos que serpentean entre ríos y montes, y leyendas que aún flotan en el aire, este rincón de Galicia nos recuerda que viajar no siempre es ir lejos, sino mirar más cerca. Aquí, cada paso es una recompensa, cada curva del camino una historia, y cada silencio una invitación a quedarse un poco más. Y cuando llega el momento de marcharse, uno entiende que no se va del todo… porque hay lugares que, una vez descubiertos, ya forman parte del viaje interior.



TODA LA INFORMACIÓN INCLUIDA EN ESTA PUBLICACIÓN, HA SIDO RECOGIDA DE LOS SIGUIENTES ENLACES:

https://www.guiarepsol.com/es/viajar/vamos-de-excursion/escapada-coiros-betanzos-coruna/

https://www.queverengalicia.com/2014/01/que-ver-en-coiros.html

https://www.paxinasgalegas.es/fiestas/descubre-galicia/descubre-coiros-28tay.html

https://www.turismo.gal/localizador-de-recursos/-/sit/que-visitar/coiros



Si deseas participar con alguna sugerencia sobre este municipio, agradezco vuestros comentarios.

 Os espero en las próximas entradas de
 y disfrutad del BLOG.


Un saludo de Alberto García Roldán.

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