Quien se acerque a Culleredo descubrirá que sus atractivos no se cuentan, se revelan. En cada parroquia aguardan pequeñas joyas de arquitectura civil y religiosa —iglesias que guardan siglos, pazos, villas y quintas que hablan de linajes y veranos eternos— junto a huellas de la vida cotidiana esculpidas en fuentes, cruceiros y edificaciones tradicionales e industriales. Todo ello envuelto por una naturaleza generosa y cambiante, donde la ría y los ríos dibujan un paisaje amable que invita a detenerse, mirar y disfrutar.
La RÍA DE O BURGO aún bosteza cuando los primeros pasos de vecinos y visitantes se
deslizan por el PASEO MARÍTIMO, uno de los
enclaves naturales y de ocio al aire libre más importante del municipio. No
camina solo: comparte su trazo con el histórico CAMINO INGLÉS O DE FARO (enlace a nuestra publicación), por donde desde hace siglos avanzan
peregrinos que siguen su curso hacia Santiago.
El camino conduce, casi sin darse cuenta, hasta el PUENTE DE O BURGO. Bajo sus arcos, antaño custodiados por una poderosa fortaleza templaria,
han pasado mercaderes, soldados y peregrinos. Cruzarlo es un gesto sencillo,
pero también un acto antiguo: unir orillas, unir épocas.
A unos pasos, la piedra se vuelve sagrada en la iglesia de SANTIAGO DO BURGO (enlace a nuestra publicación). Sus ábsides guardan historias medievales
y rezos gastados por los siglos. Aquí el románico nos explica: que su creación
en el siglo XII, estuvo vinculada a la fundación de la bailía del Burgo por esos caballeros templarios.
La ría vuelve a reclamar la mirada en los MOLINOS DE ACEA DE AMA. (enlace a nuestra publicación), los molinos de marea más antiguos de
Galicia. El agua, antaño trabajadora incansable, movía las piedras que
alimentaban aldeas enteras. Hoy, el murmullo de la marea cuenta historias de
esfuerzo y vida compartida en esta joya etnográfica.
Muy cerca, el verde toma el mando en el JARDÍN BOTÁNICO o AULA DA
NATUREZA JUAN LEMBEYE LARTAUD. Árboles, jardines palaciegos y plantas exóticas de aquí y de lejos conviven
en armonía, como si la naturaleza del mundo entero hubiera decidido reunirse
junto a la ría.
También asomados a la ría y su paseo, edificios asociados a la
industrialización, como las estructuras de la ANTIGUA FÁBRICA DE CROS, nos recuerdan la intensidad de la actividad industrial que conoció
Culleredo en el siglo XX.
Ahora, internándose tierras adentro del municipio, descubriremos como las
parroquias todavía conservan la esencia de lo cotidiano.
En la Iglesia de SANTA MARÍA DE RUTIS, pese a las muchas transformaciones sufridas desde su fundación, el
pasado aún susurra en piedra. El ábside guarda vestigios románicos, como la
serena presencia de un Agnus Dei que ha resistido los siglos. Ya en su
interior, la mirada se detiene en los capiteles: un delicado diálogo de formas
vegetales y criaturas fantásticas que parecen brotar de la piedra, invitándonos
a leer la historia con los ojos y con la imaginación.
VILABOA se revela como
un libro con muchas épocas, así, el PAZO DE VILABOA y VILLA MELANIA desarrollan un relato:
del pazo tradicional a la elegancia burguesa del siglo XX.
La Iglesia de SAN XIAO DE ALMEIRAS murmura la existencia de un
templo anterior al actual. Lo hace a través del silencioso testimonio del CABALLERO
DE ALMEIRAS, cuyo sarcófago, hallado bajo el coro, revela la figura
de un noble ataviado con armadura, recogido en eterna actitud orante. Piedra y
memoria se dan la mano.
Hoy, ese guardián del pasado descansa lejos del templo, custodiado en el MUSEO ARQUEOLÓGICO PROVINCIAL (enlace a nuestra publicación), donde su historia aguarda nuevas
miradas.
El paso del tiempo se vuelve nuevamente noble frente al PAZO DE CULLEREDO (43°17'26.2"N 8°23'21.4"W), donde sorprende la magnífica
escalera con balaustrada de piedra que sirve de acceso a la planta principal
del edificio. Y a pocos pasos en el PAZO DE FERRER, que luce una
hermosa piedra heráldica que reproduce las armas de los Bermúdez,
Vilardefrancos, Castro y Rioboo. Sus muros hablan de linajes, de poder, de una
Galicia señorial que dejó su huella en la piedra.
No muy lejos de estos, la IGLESIA DE SANTO ESTEVO (enlace a nuestra publicación), testigo de siglos, eleva sus muros
románicos hacia el cielo, como un puente eterno entre lo humano y lo divino.
Bordeando el Aeropuerto, el camino nos conduce hasta el PAZO LEMBEYE, también llamado
Pazo de Liñares, desde donde el naturista y ornitólogo Juan Lembeye y Lartaud, desarrolló una importante labor investigadora y pedagógica con los
labradores de la comarca.
Hacia el sur, el camino nos lleva hasta la ermita de SAN COSME DE SÉSAMO (enlace a nuestra población), alzada sobre un antiguo castro donde, entre
la hierba y las piedras, se adivinan los viejos muros defensivos y las formas
circulares de las viviendas, huellas de un pasado que se resiste a desaparecer.
Remodelada entre los siglos XVI y XVIII, la ermita conserva, sin embargo, el
alma de su origen románico, como un delicado puente entre la espiritualidad
medieval y las raíces más antiguas del asentamiento humano.
Otras iglesias como la de SANTO ESTEVO SUEIRO (enlace a nuestra publicación) surgen como faros serenos entre
campos y casas, lugares donde la fe se mezcló siempre con la vida diaria.
La iglesia medieval de SAN SALVADOR DE ORRO (enlace a nuestra publicación), la más transformada de cuantas se
conservan en Culleredo, custodia en su interior una de las grandes joyas del
arte religioso del municipio: el retablo barroco de la Transfiguración de
Cristo, tallado en 1774 por el escultor gallego Xosé Ferreiro, una obra donde
la madera se vuelve luz y devoción. Y en el exterior, el tiempo se detiene ante
uno de los CRUCEIROS más antiguos del ayuntamiento: Jesús mira al frente
en una de sus caras, mientras la Virgen ocupa la otra, recordándonos la
profunda unión entre fe, paisaje y memoria popular.
No muy lejos, la ESTACIÓN DE BREGUA (enlace a nuestra publicación), hoy podría compararse con uno de esos
barcos varados lejos del mar. Por aquí
ya no volverá a pasar el tren. Las nuevas obras del AVE han desviado la vía de
su trayecto original, y con ello, se apagó el eco ferroviario del lugar.
Las viejas traviesas han sido arrancadas de su camino de hierro, sin
embargo, donde antes hubo raíles, ahora germina un nuevo proyecto. Tal y como
hemos contado en otras publicaciones, avanza la construcción de la VÍA VERDE COMPOSTELA-TAMBRE-LENGÜELLE (enlace a nuestra publicación), un
itinerario que unirá Santiago de Compostela y Cerceda, transformando el antiguo
trazado ferroviario en un hermoso camino para el paseo y la memoria.
En Celas, la espiritualidad vuelve a posarse con delicadeza sobre la IGLESIA DE SANTA MARÍA DE CELAS (enlace a nuestra publicación). Levantada en el más
puro estilo románico, el templo guarda la sobriedad y el silencio de sus
orígenes, aunque su fachada —transformada en el siglo XVIII— añade nuevas capas
a una historia escrita en piedra.
Frente a esta se alza la TORRE DE CELAS DE
PEIRO (enlace a nuestra
publicación), también conocida como FORTALEZA DE VINSEIRA. Esta torre
formó parte de un antiguo conjunto fortificado que, junto con la cercana
iglesia, articulaba un espacio de poder, defensa y dogma en el corazón de estas
tierras.
Muy cerca, entre sombras verdes y destellos de agua, el REGO DAS XESTEIRAS teje un pequeño universo fluvial que seduce desde el primer paso. La vegetación se desborda en mil tonos, el agua
susurra historias antiguas y la belleza natural envuelve al caminante.
La ruta lineal de 1 km de longitud siguiendo el curso del riachuelo que
le da nombre, el sendero nos conduce por un valioso patrimonio etnográfico
ligado al agua: 11 molinos que llevan el nombre de las familias que los
compartieron, testigos silenciosos de una época en la que el cereal marcaba el
pulso de la economía local.
En una encrucijada de caminos de la parroquia de Castelo, nos recibe el CRUCEIRO
DE FOLGUEIRA (enlace a
nuestra publicación), erguido como un destello de piedra entre senderos que se
cruzan y memorias que no se pierden. Allí, el tiempo se detiene un instante,
invitando al caminante a escuchar lo que cuentan los pasos de ayer.
No muy lejos, la CAPELA
DE SAN RAMÓN (enlace a nuestra
publición) se integra con armonía en un hermoso conjunto rural. Sus
alrededores, bien conservados y cuidados, invitan a la pausa y al disfrute, con
un área de ocio donde el paisaje se convierte en descanso y el silencio en
compañía.
El camino asciende, paso a paso, hasta el MONTE XALO (enlace a
nuestra publicación), donde aparecen piedras cargadas de misterio, guardianas
de leyendas y cultos precristianos. Un lugar donde respirar profundo y dejar
que la esencia del norte te inunde el alma.
Desde lo alto, Culleredo se muestra completo: la ría, los valles, los pueblos, la vida.
El sol cae despacio y todo encaja, como si el viaje hubiera sido inevitable. Entre ríos, montes, iglesias y leyendas, el municipio despliega un diálogo constante entre pasado y presente, donde cada senda guarda una historia y cada piedra conserva una voz antigua.
Sus vibrantes fiestas populares —entre verbenas que iluminan la noche,
ferias llenas de vida y mercados con aroma a tradición— ponen el broche de oro
a una visita completa. Culleredo es de esos lugares que no dejan indiferente:
un municipio que se celebra a sí mismo y donde cada rincón pide una línea
propia en tu cuaderno de viaje.
TODA LA INFORMACIÓN INCLUIDA EN ESTA PUBLICACIÓN, HA SIDO RECOGIDA EN LOS
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Bueno, estoy disfrutando de lo que pones. Mi mañana se interrumpió por esto, veré como me puedo despegar. Gracias por estos datos tan buenos y por las magníficas fotos. Estoy reviviendo momentos gratos. Cariños y felicidades.
ResponderEliminarMe alegro muchísimo que disfrutes con las publicaciones del blog, para mi es todo un orgullo leer este tipo de comentarios, que me dan más fuerza para seguir publicando. Un saludo y muchísimas gracias.
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