El Municipio de Corcubión, declarado en el año 2000 “Municipio
Turístico Galego”, es uno de esos rincones mágicos de Galicia donde el mar
se abraza con la piedra. Y nunca mejor dicho, pues, asentado sobre una pequeña
península, unida a tierra firme por el vecino municipio de CEE (enlace a
nuestra publicación), Corcubión se adentra en el Atlántico como quien se asoma
con curiosidad entre la ensenada de Estorde y la ría, siempre con la mirada
puesta en el horizonte.
La mejor forma de empezar a conocerlo es perdiéndose, sin prisas, por su CASCO HISTÓRICO (enlace a
nuestra publicación). Un delicioso laberinto de calles empedradas salpicadas de
hermosa arquitectura religiosa, casas marineras y antiguos pazos que componen
un precioso “Conjunto Histórico-Artístico”, donde cada esquina parece
guardar una historia esperando ser contada.
Pero Corcubión no siempre miró al mar tan de cerca. Sus orígenes se
encuentran tierra adentro, en las inmediaciones de la primitiva iglesia de San
Andrés de Canle, en la parte alta del pueblo. No era casualidad: desde allí,
más protegidos, sus habitantes se resguardaban de las temidas incursiones de
piratas normandos y sarracenos, que durante siglos sembraron el miedo en la
costa. Con el siglo XIII llegaron tiempos más tranquilos. Los piratas dejaron
de acechar y el pueblo, liberado del temor, descendió hacia la orilla. Nació
entonces la IGLESIA DE SAN MARCOS (enlace a nuestra publicación), sustituyendo a la anterior y marcando el
inicio de una nueva relación con el mar, ya no como amenaza, sino como aliado.
La historia de Corcubión empieza a escribirse con letras más claras a
partir del siglo XV, cuando los Condes de Altamira eligen este lugar como
residencia. Su presencia convirtió la villa en el corazón social y económico de
la comarca. Aún hoy, el PAZO DE LOS CONDES DE ALTAMIRA permanece como
testigo silencioso de aquel esplendor.
En el siglo XVIII, la ría se llenó de actividad con la llegada de las
industrias de salazón, impulsadas por capital de familias nobles y burguesas
catalanas. Desde 1755 queda constancia documental de esta actividad que
marcaría profundamente la economía local durante generaciones.
Para proteger tanta riqueza, se levantó en ese mismo siglo el CASTILLO DEL CARDENAL (enlace a nuestra población), que vigilaba la ría en perfecta
coordinación con el CASTILLO DEL PRÍNCIPE (enlace a nuestra publicación), situado al otro lado. Entre ambos, el
fuego cruzado defendía la ensenada… y la imaginación popular fue más allá: una
leyenda habla de una enorme cadena que unía ambas fortalezas y que, al
tensarse, cerraba el paso a los barcos enemigos. ¿Verdad o mito? En Corcubión,
la frontera entre historia y leyenda siempre es difusa.
No todo fueron tiempos de bonanza. Las fechas del 13 y 21 de abril de
1809 quedaron grabadas a fuego en la memoria colectiva. Las tropas francesas
arrasaron Corcubión y Cee sin piedad, destruyendo casi todos los edificios y
dejando tras de sí iglesias derruidas, vidas truncadas y un pueblo herido. Sin
embargo, Corcubión supo levantarse. En la segunda mitad del siglo XIX y
comienzos del XX llegó un nuevo auge económico que dejó huella en su
arquitectura. Edificios modernistas como la Casa Miñones, el Antiguo Juzgado y
las elegantes construcciones burguesas del Paseo Marítimo, anuncian al
visitante que aquí, incluso después de la tormenta, siempre vuelve a brillar la
luz.
Este pequeño ayuntamiento, formado por dos parroquias —San Marcos y San
Pedro de Redonda—, invita a ser descubierto paso a paso, sin prisas y con los
sentidos bien despiertos. Un recorrido circular de unos 9 kilómetros basta para
entender su esencia: una caminata amable que parte de la Praza de Castelao y va
enlazando, como cuentas de un collar, algunos de los lugares más bellos y
evocadores del municipio.
Desde la plaza, el Paseo Marítimo nos conduce suavemente hasta el puerto,
donde el olor a salitre y el sonido de los mástiles marcan el ritmo del
comienzo. Un poco más adelante, tras dejar atrás los restos del antiguo
astillero de A Viña, aparece la PLAYA DE QUENXE, recogida y tranquila,
perfecta para una pausa en época estival.
Al abandonar Quenxe y avanzar en dirección al ya mencionado Castillo del
Cardenal, el camino nos regala una sorpresa humilde y encantadora: un par de
antiguos MOLINOS DE AGUA, casi escondidos, que parecen seguir trabajando
en silencio para quien sepa escucharlos.
La carretera continúa bordeando la ría, asomándose en varios tramos a un
paisaje salpicado de pequeñas calas —como A Cova o Boca do Sapo—, hasta
alcanzar el extremo de la península. Allí, vigilante y solitario, se alza el FARO
DE CABO CEE (enlace a
nuestra publicación).
Desde este cabo, la vista es sencillamente hipnótica. Frente a nosotros se eleva el Monte Pindo, poderoso y casi mítico. En el mar se distinguen las Islas Lobeira, guardianas de la entrada de la ría, junto al Faro del Carromeiro Chico y, hacia O Pindo, el Carromeiro Grande. Desde aquí también se contempla el Promontorio Nerio, ese horizonte legendario donde, según creían los antiguos, el mundo llegaba a su fin y comenzaba el temido Mare Tenebrosum, un océano de sombras, monstruos y misterios.
El camino gira entonces hacia el interior para llevarnos hasta la IGLESIA
DE SAN PEDRO DE REDONDA (enlace a
nuestra publicación), un templo románico del siglo XII que bien merece la
visita. Su atrio, presidido por un cruceiro tradicional, transmite una paz
antigua, de esas que solo se encuentran lejos del ruido.
Esta parroquia, plenamente rural, es un pequeño museo al aire libre: un
gran número de hórreos, arquitectura popular bien conservada y unas preciosas
vistas de la costa de Corcubión y de FISTERRA, siempre al fondo, como una promesa.
Siguiendo una prolongación del Camino de Santiago hacia Fisterra —aunque
en sentido contrario al de los peregrinos— llegamos al lugar de O Vilar, donde
vuelven a sorprender la abundancia de hórreos y las casas tradicionales que
parecen crecer de la tierra.
El regreso nos devuelve al punto de partida por el mismo Camino, esta vez
atravesando el monte de Corcubión. Son minutos especialmente agradables: el
sendero se abre a bonitas vistas del pueblo y su ría, como una despedida lenta
y agradecida. Finalmente, se entra de nuevo en el núcleo urbano por el Campo de
San Antonio, donde sobresale un crucero del siglo XVIII y la pequeña capilla de
Santo Antonio, del siglo XVII. Y así llegaremos con la sensación de haber
recorrido no solo un camino, sino una historia entera escrita entre mar, piedra
y leyenda.
Mencionar que, en abril, cuando la primavera empieza a desperezarse junto
al Atlántico, Corcubión abre oficialmente su calendario festivo. El día 25,
coincidiendo con la festividad de San Marcos, patrón de esta villa marinera, el
pueblo se llena de vida durante dos jornadas en las que la alegría toma las
calles.
Con el verano ya instalado y el mar en plena efervescencia, llega una de
las fechas más queridas por la gente del litoral gallego. El 16 de julio,
Corcubión honra a la Virgen del Carmen, patrona de los pescadores. Es un día
cargado de emoción, en el que la devoción se mezcla con el salitre, las sirenas
de los barcos y ese respeto profundo que aquí se le tiene al mar, compañero de
vida y trabajo.
Unos días más tarde, el tercer fin de semana de julio, la villa da un
salto en el tiempo y se transforma por completo. Corcubión se viste de pasado y
celebra su FERIA MEDIEVAL, un mercado que convierte las calles en un
escenario de otra época, con decenas de puestos, oficios antiguos, música,
espectáculos y un ambiente que invita a dejar volar la imaginación.
Y cuando el verano empieza a despedirse, aún queda una última cita para
cerrar la estación como merece. El 24 de septiembre se celebra la Virgen de las
Mercedes, una fiesta de honda tradición popular que pone el broche final al
ciclo estival.
Por último, no podemos abandonar Corcubión si saborear su exquisita
gastronomía: prueba el marisco local y los pescados frescos, cada bocado será
un homenaje al océano que rodea al pueblo.
TODA LA INFORMACIÓN INCLUIDA EN ESTA PUBLICACIÓN, HA SIDO RECOGIDA DE LOS
SIGUIENTES ENLACES:
https://turismo.corcubion.gal/
https://turismo.corcubion.gal/es/que-hacer/rutas
Os esperamos en las próximas entradas de
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