DOZÓN

Al adentrarnos en las tierras de Dozón, el paisaje se transforma casi sin avisar. El terreno se ondula, se eleva y se vuelve montaña. Son las estribaciones de la Serra de O Faro y la Serra do Testeiro, un territorio abrupto y poderoso, especialmente en su sector oriental y meridional, donde las altitudes rozan los mil metros en PENA DE FRANCIA (enlace a nuestra publicación), donde un pequeño santuario mariano parece vigilar el horizonte. Es aquí donde, cada primer domingo de septiembre, la montaña se llena de pasos, promesas y emociones con la celebración de una romería muy arraigada, una cita que une devoción, paisaje y tradición popular.

Podría pensarse que un relieve tan exigente habría ahuyentado a los primeros pobladores. Y, sin embargo, ocurrió todo lo contrario. Desde tiempos inmemoriales, el ser humano encontró aquí refugio, recursos y sentido. La prueba de ello se conserva en un patrimonio arqueológico y monumental, donde las MÁMOAS, dispersas por el territorio, nos hablan de ritos funerarios prehistóricos y de una relación casi sagrada con la tierra.

Los castros celtas, como el de CASTRO DE SAN BREIXO o el DE CASTRO DE SANTA MARÍA, revelan antiguos asentamientos fortificados que dominaron visualmente el entorno, atentos al paso del tiempo y de los hombres.

A todo ello se suman los vestigios de la CALZADA ROMANA de la Vía de la Plata, que comunicaba Emérita Augusta (Mérida) con Asturica Augusta (Astorga), recordándonos que Dozón también fue lugar de tránsito, de paso y de conexión en la vasta red del Imperio. Como aconteció con otros numerosos Caminos que van a Santiago, parte de este tramo, se destinó, también al CAMINO DE SANTIAGO, siendo atravesado por muchos peregrinos. Al igual que, también, por los arrieros para transportar el vino procedente de O Ribeiro.

Pero si hay un punto donde todas las miradas de los visitantes terminan por detenerse, ese es el principal monumento histórico-artístico del municipio y auténtico faro patrimonial de la visita: la iglesia del antiguo monasterio de SAN PEDRO DE VILANOVA (enlace a nuestra publicación). No solo es una joya arquitectónica románica, sino también un símbolo. Un lugar donde la piedra, la fe y la historia se funden, ofreciendo al viajero una razón más —quizá la más poderosa— para detenerse en este territorio.

Antes de alcanzar el silencio solemne del cenobio, el camino nos regala otras confidencias: a mano derecha asoman las ruinas del antiguo solar del rey Wamba, y que la tradición atribuye a su linaje. Las casas del entorno, por su parte, parecen haber heredado la memoria del monasterio. Levantadas con los mismos sillares que un día formaron sus muros sagrados, lucen todavía, incrustados en la piedra, antiguos escudos que resisten al olvido.

Dozón se disfruta recorriendo los caminos vecinales que unen aldeas e iglesias como la de SANTA MARÍA DE DOZÓN (enlace a nuestra publicación), un edificio donde el románico original dialoga con añadidos barrocos que enriquecen su fisonomía e invitan a mirar con calma.

Siguiendo campanas más lejanas, nos dirigimos a conocer la iglesia de SAN SALVADOR DA O (enlace a nuestra publicación), un templo que rompe la norma y se alza distinto, pues pertenece al Neoclásico.

Señalar, que en los lindes de esta parroquia con el vecino Concello de O Irixo, podemos encontrar la MÁMOA DE SEGADE y el MENHIR DE BRAÑAS DE LAGORZOS, los cuáles se encuentran justo en el colindante y que muestran las huellas del Mosteiro de Oseira con sus insignias, remarcando una relación ya conocida, y definiendo al mismo tiempo el espacio de influenza del mismo.

Foto de MEGALITICIA

Foto de MEGALITICIA

En un entorno sencillamente envidiable, la Iglesia de SANTA MARÍA DE SANGUIÑEDO se alza en un claro del bosque como una aparición serena. Sola, rodeada de árboles cómplices, muestra en su fachada una clara inspiración barroca, solemne y expresiva. En el atrio, un crucero ocupa el centro del espacio, como si clavara el tiempo en la tierra y bendijera el silencio que lo envuelve.

Más escondida, casi jugando al despiste con el viajero, la Iglesia de SAN REMIXIO DAS MACEIRAS se levanta sobre un antiguo castro, abrazada por bosques y vegetación exuberante. Su entorno le confiere un aire mágico, íntimo, como si el templo brotara directamente del monte. Es un lugar que enseña sin palabras: aquí reinan la calma, el verde intacto y la armonía entre el ser humano y la naturaleza.

Por su parte, la Iglesia de SAN XOÁN DE SIXTO guarda en su interior uno de los mayores tesoros artísticos de Galicia: el que está considerado el mejor conjunto pictórico del Renacimiento gallego. Sus muros se cubren de escenas firmadas por el llamado Maestro del Sixto, el mismo autor que dejó su huella en las pinturas de la mencionada Santa María de Dozón. Aquí, la piedra no solo sostiene el templo, sino que se convierte en lienzo, narrando historias sagradas con colores que aún respiran siglos después.

Además, repartidas por las parroquias aparecen pequeñas CAPILLAS, CRUCEIROS y PETOS DE ÁNIMAS, marcando cruces de caminos y recordando la espiritualidad cotidiana del rural gallego, esa que mezcla cristianismo y superstición sin pedir permiso.

En sus lugares la arquitectura tradicional sigue marcando el ritmo del paisaje: CASAS de granito y corredores de madera; HÓRREOS alineados como soldados de maíz; FUENTES de agua fría y LAVADEROS donde aún parece oírse el chapoteo de otras épocas; HORNOS de pan y EIRAS donde aún parece posible imaginar la vida comunitaria de antaño; o el MOLINO DE BIDUEIROS, testigo silencioso de la importancia del agua y del grano en la economía local de otro tiempo.

El mencionado Monasterio de San Pedro de Vilanova y el vecino MONASTERIO DE OSEIRA (enlace a nuestra publicación) compartieron mucho más que cercanía: los unió un lazo firme, tejido con acuerdos comerciales y caminos compartidos. De esa alianza nació, en plena Edad Media, la FEIRA DA GOUXA, cruce de rutas y de destinos, donde peregrinos, mercaderes y lugareños intercambiaban no solo monedas, sino lenguas, costumbres e historias.

De aquel bullicio antiguo queda hoy una huella extraordinaria: los PENDELLOS DE A GOUXA, vestigios de piedra que aún sostienen la memoria del mercado. Bajo sus cubiertas, el tiempo parece haberse detenido, y no es solo recuerdo lo que guardan, pues la feria sigue latiendo y celebrándose los días 11 y 23 de cada mes, como un ritual heredado.

Y al pie de otro tramo del Camino, aparece un nuevo testimonio de esta relación fraterna entre monasterios. La CAPILLA DE SANTO DOMINGO, discreta y silenciosa, luce en su cabecera el escudo del Monasterio de Oseira, símbolo tallado que confirma que aquí, entre sendas y rezos, nada fue casual y todo quedó unido por la fe y el camino.

Hoy, toda esa arquitectura tradicional evoca un tiempo en el que Dozón fue punto de encuentro, intercambio y vida, recordándonos que el patrimonio no siempre se alza en grandes monumentos, sino también en estos espacios humildes donde la historia se hizo cotidiana.

Dozón es verde, pero del verde profundo, casi místico. Llegados a Maceiras, cogeremos un cruce a la izquierda, desviándonos hacia un camino de tierra, maravillándonos con el paisaje, puesto que recorreremos un trayecto marcado por los bosques y praderas, que complementan el PAISAJE FLUVIAL DE SESTOS, observando los molinos típicos a un lado del río, lugar frecuentado por pescadores dada la afluencia de truchas en este tramo. 

También hay ÁREAS RECREATIVAS perfectas para para parar, comer y alargar la sobremesa tras una caminata. Y sí, también la PLAYA FLUVIAL DE SANGUIÑEDO (enlace a nuestra publicación), zona de baño en un río de aguas limpias, ideal para el verano interior: menos gente, más silencio y chapuzones sin prisas. Este hermoso enclave, es desde hace años uno de los puntos más frecuentes de baño y ocio fluvial de la comarca.

Y por último, cuando el calendario se vuelve festivo y el aire huele a celebración, brilla con luz propia la FESTA DA CARNE Ó CALDEIRO E BOLA CON TORREZNOS. Desde 1994, el primer domingo de junio se convierte en una cita ineludible, donde el fuego lento de la tradición y el bullicio alegre de la gente se dan la mano.

Dozón es un destino para quienes viajan sin listas que tachar, para los que eligen una carballeira con sombra y rumor de hojas antes que un mirador pensado para Instagram, una iglesia rural con olor a piedra húmeda antes que una catedral abarrotada. Aquí Galicia se revela sin filtros ni artificios: con barro en los caminos que mancha las botas y se aferra a la memoria, y con piedras antiguas que, gastadas por el tiempo, nos cuentan historias al oído, como viejos sabios que nunca tuvieron prisa por ser escuchados.

CURIOSIDADES: A pesar de no tener relación fonética, Dozón debe su nombre al río Asneiro.

TODA LA INFORMACIÓN INCLUIDA EN ESTA PUBLICACIÓN, HA SIDO RECOGIDA DE LOS SIGUIENTES ENLACES:

https://www.dozon.gal/web/es/descubre-dozon-2/

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 Os esperamos en las próximas entradas de
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Un saludo de Alberto García Roldán.





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