SANTA BAIA DA ESPENUCA, COIRÓS



La ermita de Santa Eulalia se sitúa en un elevado paraje rocoso, que si no fuera por los eucaliptos que la rodean, sería un privilegiado mirador de la Comarca de las Mariñas.




 En este lugar hubo asentamientos desde época castreña, como atestigua una estela funeraria decorada con un trisquel de radios curvos en un extremo y varias líneas paralelas unidas por los extremos, en el centro, hoy utilizada como dintel en el edificio cercano de la Botilla.



Dentro de esa estancia se guarda una pila bautismal que presenta una sucesión de arquillos de medio punto circundando su copa. El borde superior está moldurado en bocel y el pie está adornado con motivos geométricos. No son muchas las pilas bautismales románicas conservadas, ni se caracterizan por tener una compleja decoración; la sucesión de arquillos de medio punto se ve también en una pila conservada en la Iglesia de Santiago de A Coruña y en la de Santa Mariña de Pescoso (Rodeiro, Pontevedra), aunque éste último caso están entrelazados. Las tres habrían sido realizadas a finales del siglo XII o principios del XIII.
 

El campanario, independiente del templo, se halla ubicado en la cumbre del monte y en sus alrededores, se manifestó la presencia de varios sarcófagos antropomorfos de piedra de tradición altomedieval.



Una leyenda cuenta que el fundador de este cenobio fue un caballero gallego que había incurrido en graves pecados; para purgar sus culpas fundó cuatro templos en los sitios más elevados de la comarca, de manera que pudiesen ser vistos unos desde los otros. En la actualidad sólo se conservan el de Santa Marta de Babío (Bergondo) y el de Santa Baia da Espenuca, donde aseguran que murió el fundador tras llevar una vida ejemplar.


Lo cierto es que la historia de la iglesia se remonta a antes del año 830, ya que de entonces es una designación de iglesias pertenecientes al obispado de Iria, entre las que se cita la de Espenuca. 



En 1863, el arqueólogo Antonio de la Iglesia publicó una inscripción en la que se indicaba que el presbítero Cendulfo había terminado la obra del santuario que puso bajo la advocación de Santa Baia, el día 1 de marzo del año 881. Desgraciadamente, esta inscripción se ha perdido, aunque hacia finales del siglo XIX todavía era parcialmente visible. La construcción del templo prerrománico podría relacionarse con el interés de la Iglesia por sacralizar lugares relacionados con cultos paganos, tal y como sucede también en San Cosme de Sésamo y otros puntos de Galicia. 

 

El 25 de octubre de 1063, doña Adosinda, esposa de Segeredo Aloito (uno de los caballeros más ricos del país), concedió a Cines varios bienes e iglesias entre los que figuraba el cenobio. La destrucción del edificio erigido por Cendulfo pudo estar vinculada a la del castillo de "Spelunca", que todavía se hallaba en pie a principios del siglo XII. Esta fortaleza fue donada por el conde don Rodrigo Pérez de Traba a la iglesia de Santiago en 1130, quien prometió a Gelmírez, que a su muerte, si no tenía hijos, dejaría el castro de Espenuca a la iglesia compostelana.


En el exterior se aprecia el marcado desnivel del terreno en el que está construido el templo, que presenta una sola nave; techumbre a dos aguas y ábside rectangular.



Ábside románico que se puede fechar hacia 1175-1180 y donde se encuentran, dos fragmentos de dovelas decoradas con ajedrezado formando parte del paramento.



Al lado norte, la sacristía oculta este lado de la capilla. Al sur, aparecen dos contrafuertes que se interrumpen antes de llegar al alero y entre ambos, se abre una pequeña ventana adintelada. Las cobijas no están sostenidas por canecillos, ya que la parte superior de los muros fue reconstruida en época posterior.

A la nave se accedía por tres puertas de medio punto al interior, dos laterales y otra al poniente. Actualmente, la norte está tapiada y sus arcos de descarga se compone de dovelas de desigual tamaño, las más grandes con un despiece casi radial, por lo que podrían proceder de un arco altomedieval y haber sido reutilizadas en la obra románica;...


... y la sur reconstruida aumentando su luz, descansa sobre dos robustas mochetas de nacela.

Para iluminar este espacio se abren dos pequeñas aspilleras en cada muro lateral, rematadas en arco de medio punto tallado en un solo bloque de piedra, en lugar de tener despiece en dovelas. 

PORTADA SUR
 El coro de madera construido a los pies de la iglesia recibe luz a través de una ventana adintelada, situada entre el dintel y el arco de la puerta occidental.



Los aleros están sostenidos por canecillos de proa, de nacela con hojas rematadas en volutas o pomas, alguno con perfil de bisel y otro con cabeza de carnero cuyos rasgos apenas se diferencian, a excepción de la cornamenta.



La portada occidental está rematada por dos arquivoltas de medio punto sin decoración, la menor apeada sobre dos columnas acodilladas de fustes muy cortos, lisos y monolíticos, evidenciando una cronología avanzada, pero todavía dentro de la tradición románica, por lo que la cronología de la remodelación de la nave y la portada se situaría aproximadamente hacia 1200-1210.

Corona la entrada una cruz lobulada que sigue el modelo gótico, semejante al de las cruces antefijas existentes en Santa María do Azougue (Betanzos) o en San Tirso de Ambroa (Irixoa).



Aquella humilde capilla románica, entre cuyas piedras toscas se descubren pedazos de
primorosas arquivoltas, préstamo de alguna ruina que ni memoria queda: aquellos sartegos,
féretros de granito que salen ya a flor de tierra; aquellas inscripciones indescifrables
que aparecen en cada bloque, espolean la imaginación, que cree ver al monje caminar
lentamente por el sendero abandonado y, más lejana y borrosa, junto a la piedra judiciaria,
con el reguerillo por donde corrió la sangre de las víctimas, la silueta imponente, silenciosa
y grave del druída prehistórico.

Por allá abajo, cansado de luchar con los cimientos pedregosos del monte, se despeña el
Mandeo; curiosea el misterio de la legendaria Cova da moura; salva la encantadora presa
de Chelo, y al llegar a los Caneiros, ya reposado y tranquilo...

Alguero Penedo consiguió un premio en los Xogos Florais de 1904, con esta prosa poética inspirada en el monte de Espenuca.



INFORMACION RECOGIDA DE LOS SIGUIENTES ENLACES:

ARTE ROMÁNICO EN EL GOLFO ÁRTABRO Y EL ORIENTE CORUÑÉS (pdf)

ESPENUCA: INSCRICIÓN, EDIFICIOS E LUGARES MÁXICOS (pdf)

VISITA OTROS SORPRENDENTES LUGARES DEL AYUNTAMIENTO DE COIRÓS EN ESTE ENLACE.

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