SANTA MARÍA DE MIXÓS: UN SUSURRO MILENARIO EN MONTERREI

En lo alto de la ruta que antiguamente unía Verín con Laza, sobre la antigua Vía de la Plata y entre susurros de historia y piedra, se erige silenciosa la Iglesia prerrománica de Santa María de Mixós, un templo que parece robar luz al cielo y acunar en sus muros los secretos de siglos lejanos.

Declarada Monumento Histórico-Artístico y Bien de Interés Cultural desde 1931, sigue siendo un emblema discreto, casi secreto, de la riqueza patrimonial de Monterrei, donde sin duda alguna destaca su FORTALEZA-PALACIO (enlace a nuestra publicación), una de las mejor conservadas de Galicia.

  

Puede que la modesta silueta de esta iglesia pase desapercibida para el viajero apresurado, pero quien se detiene ante ella siente enseguida que ha encontrado un tesoro oculto. Quizás construida en la primera mitad del siglo X (pues su datación sigue siendo objeto de debate), Santa María de Mixós es una de las joyas más antiguas de Galicia. Su origen se sitúa en una época en la que el arte aún no vestía de románico puro, sino que bebía de múltiples fuentes: de lo mozárabe, lo visigodo y lo asturiano, fusionando influencias en un estilo que no se define, sino que florece.

Se cree que surgió entre los muros de un primitivo cenobio fundado por San Martín de Braga en el siglo VI, cuyo nombre (Moixelos) nos llega de referencias medievales, y que fue donada en tiempos remotos al venerado MONASTERIO DE CELANOVA (enlace a nuestra publicación), al que perteneció hasta el siglo XVI, cuando fue comprada por el conde de Monterrei.

Al llegar, la puerta estaba cerrada. Pero lejos de ser un final, fue el principio. En el umbral, un pequeño gesto de confianza: un número de teléfono escrito con sencillez y el nombre de Fiti. Bastó una llamada.

Poco después, la puerta se abrió como se abren las cosas importantes y Fiti no solo nos mostró el interior de Santa María de Mixós; nos la contó sin prisa y con una sonrisa. Cada piedra, cada arco, cada sombra tenía una historia que él conocía y compartía con una mezcla de rigor y cariño difícil de fingir.











Su voz llenaba el espacio con explicaciones claras y cercanas. Nos habló de su todavía incógnita fecha de datación, de su arquitectura de transición, de aquella antigua basílica de tres naves hoy reducida a una sola tras las reformas de los siglos XV y XVI, y de cómo este templo es fruto de muchas épocas superpuestas, como capas de memoria. Aun así, los restos de arcos de herradura; el iconostasio que antiguamente separaba a los fieles de los sacerdotes; y su cabecera con tres ábsides (rectangulares al exterior, semicirculares al interior) siguen describiendo cómo fue aquel primer edificio, amplio y luminoso, concebido para acoger comunidad y silencio a partes iguales, hace ya más de mil años.






En una de aquellas reedificaciones, la piedra cambió de acento: el antiguo arco de herradura, abierto en el muro sur, fue transformado en un arco apuntado, como si el templo aprendiera un nuevo idioma sin olvidar el anterior. En otra de esas reestructuraciones, la fachada fue levantada de nuevo por completo, quizá siguiendo aún la antigua huella de la nave, respetando la memoria de sus proporciones.

Dentro, la luz entra con timidez, iluminando piezas que susurran historias. Fiti nos señaló como allí, donde hoy descansa los altares cristianos, laten todavía dos corazones de piedra mucho más antiguos que el propio templo. Son ARAS ROMANAS, altares paganos rescatados del pasado y reutilizados como cimientos de una nueva fe, como si el tiempo hubiera decidido no borrar nada, solo superponer creencias y contarnos que este lugar ya era sagrado antes del cristianismo.

Una de ellas conserva una inscripción votiva en latín dedicada al dios Bandua, divinidad prerromana venerada en la Gallaecia romana, protector de comunidades, fronteras y equilibrios invisibles. Un dios antiguo, invocado para cuidar la vida cotidiana, la tierra y los límites del mundo conocido.

La otra ara guarda silencio. No habla con palabras, sino con formas y bellos relieves gastados por los siglos, que hablan de la estética romana, hermosa en su simpleza. Es un silencio elocuente, de esos que no necesitan explicación, porque la piedra (cuando ha sobrevivido tanto) ya lo ha dicho todo.

Así, en Mixós, las oraciones se superponen como estratos de tierra. Bajo cada rezo cristiano parece latir todavía una súplica romana, una ofrenda antigua, un gesto humano que atraviesa los siglos con la misma intención: pedir protección, dar gracias, encontrar sentido.

Aquí no hay retablos dorados ni exceso de imágenes, pero si, un extraordinario FRESCO MEDIEVAL, realizado, muy probablemente, entre los siglos XIII o XVI, donde una primitiva imagen de Cristo Pantocrátor todavía mira hacia nosotros desde lo profundo del ábside sosteniendo en su regazo a Cristo crucificado y disponiéndose a su alrededor el Tetramorfos.


Entre las imágenes que habitan el templo sobresalen la Virgen de las Virtudes, San Brais y San Rosendo. Junto a ellas, la Virgen de los Remedios se eleva sobre un mueble litúrgico, escoltada por dos ángeles que parecen velar su quietud, como si el tiempo se hubiera detenido a su alrededor.



Cuenta Fiti que, durante siglos, existió en Mixós una antigua ofrenda de las mujeres embarazadas a la Virgen de las Virtudes, conocida en la zona también como la Virgen de la Leche. El ritual era sencillo y profundamente simbólico: acudían a la cercana fuente de la Virgen y lavaban en ella el pecho, confiando en que ese gesto les asegurara la abundancia necesaria para alimentar a sus hijos.

Fuente de Mixós

La PILA BAUTISMAL, de  tradición románica, piedra robusta y formas sencillas que todavía conserva algo de policromía, ocupa su lugar con la dignidad de quien ha sido testigo de innumerables comienzos. Durante siglos, el agua bendita resbaló por sus bordes para dar nombre, identidad y futuro a generaciones enteras. No es una pieza ostentosa, pero sí profundamente humana: una piedra al servicio del primer rito, del instante en que la vida y la fe se encuentran.


Pero uno de los momentos más fascinantes llegó al hablar de la luz. Fiti nos explicó los fenómenos lumínicos que se producen durante los equinoccios, cuando los rayos del sol atraviesan el templo de forma precisa, casi ceremonial, iluminando puntos concretos del interior. No solo lo contó: nos lo mostró a través de fotografías y vídeos, capturadas con paciencia y asombro.

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Todo ello nos recuerda que este templo no es solo un edificio: es un libro abierto de piedra, donde cada fragmento conserva un verso de la memoria colectiva. Un lugar donde la arquitectura también dialoga con el sol y el tiempo se mide en luz. Visitarla es escuchar cómo las piedras (aquellas que vieron pasar legiones, peregrinos, tránsitos de luz y largos inviernos) nos susurran leyendas de fe, arte y tradición.

Ya en el exterior, la humilde espadaña parece vigilar nuestros pasos mientras rodeamos el templo con la mirada atenta. Observamos despacio los distintos paramentos que lo cierran y descubrimos, entre otros detalles, múltiples piedras reaprovechadas; marcas de cantero aún inscritas en la piedra; así como una curiosa pieza con un petroglifo, integrada hoy en los sillares que delimitan el atrio. Pequeños signos que nos recuerdan que aquí cada piedra fue trabajada, reutilizada y resignificada, y que incluso los símbolos más antiguos encontraron un lugar en la arquitectura del templo.









Allí, apoyada sobre ese muro que cierra el atrio de la iglesia, casi como si observara en silencio a quienes llegan y a quienes se marchan, se conserva la tapa de un ANTIGUO SEPULCRO. En ella aparece esculpida la figura de un fraile tallado con una sencillez que conmueve más de lo que impresiona.

La piedra lo muestra yacente, con el hábito marcado por líneas acentuadas, las manos recogidas sobre la empuñadura de una espada y el rostro apenas insinuado, como si la intención no hubiera sido retratar a un hombre concreto, sino representar una vida entregada. Ya no protege un cuerpo ni señala un lugar exacto de enterramiento; ahora es memoria expuesta, fragmento rescatado de un pasado monástico que aún late en Mixós.

Pero la historia no terminó con la visita al templo. Al traspasar la puerta del atrio, cruzamos lo que aún se conserva de su primitiva GRADICELA (enlace a nuestra publicación), esos elementos que, según la tradición, impedían la entrada de “O Demo” en el espacio sagrado, al no poder franquearlos con su supuesta pezuña de macho cabrío.

Al salir, Fiti nos invitó a seguirle por las calles del pueblo. El recorrido se convirtió en una lección viva de historia a cielo abierto. Señalaba aquí y allá, mostrándonos piedras antiguas procedentes de un edificio románico de los siglos XI - XII, hoy integradas en los muros de las casas y, muy probablemente, pertenecientes al monasterio documentado que un día dio forma a este lugar.

Fragmentos reutilizados que ya no habitan un templo, sino la vida cotidiana, sosteniendo fachadas y esquinas como si el pasado se hubiera negado a marcharse del todo. Entre ellos, incluso un escudo heráldico (el de los Biedma, que llegaron a Galicia a finales del siglo XIII bajo el reinado de Sancho IV, con Fernán Ruiz como primer poseedor de la casa ) colocado boca abajo, detalle casi secreto que Fiti nos mostró como quien comparte una confidencia.





Así, el monasterio no desapareció: se dispersó. Vive aún en las paredes que protegen hogares, en las calles, en el propio tejido del pueblo.






Nos vamos, sintiendo que la visita no hubiera sido igual sin personas como Fiti. Su atención, su generosidad y la pasión con la que cuida y divulga la historia de Mixós convierten la visita en algo mucho más profundo que un recorrido patrimonial. En él se percibe un amor inmenso por su pueblo, una voluntad sincera de conservar y compartir lo que otros podrían olvidar.

Gracias Fiti por abrir la puerta del templo y, con ella, la puerta a la memoria; por compartir tu tiempo; tus fotografías; tu conocimiento y, sobre todo, el amor profundo que sientes por Mixós, un amor que se percibe en cada gesto y que convierte la visita en una experiencia viva, humana y difícil de olvidar. Personas como tu hacen que el patrimonio no sea solo pasado, sino presente que se cuida y se transmite. Gracias de corazón por permitirnos disfrutar de algo tan especial.

TODA LA INFORMACIÓN INCLUIDA EN ESTA PUBLICACIÓN, HA SIDO RECOGIDA EN LOS SIGUIENTES ENLACES:

https://web.turismourense.com/es/poi/iglesia-de-mixos

https://es.wikipedia.org/wiki/Iglesia_de_Santa_Mar%C3%ADa_(Mij%C3%B3s)

https://www.monterrei.es/wp-content/uploads/2018/07/Iglesia-de-Mix%C3%B3s.pdf

https://www.urbipedia.org/hoja/Iglesia_de_Santa_Mar%C3%ADa_de_Mix%C3%B3s?utm_source=chatgpt.com

https://porgaliciabaixo.com/un-encontro-coa-igrexa-de-santa-maria-de-mixos/

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