TEMPLO DE LA VERACRUZ - O CARBALLIÑO

Estamos ante la obra póstuma del gran arquitecto gallego Antonio Palacios. 


Fue su segundo gran proyecto en Galicia, tras el TEMPLO VOTIVO DO MAR, levantado en Nigrán.


En la construcción del templo, Palacios brindó su ayuda gratuitamente, por la simpatía con el párroco Luciano Evaristo Vaamonde da Cortiña y la obra fue financiada por suscripción popular.


Este plan pretendía ser la piedra angular de un proyecto urbanístico destinado a transformar la VILLA DE O CARBALLIÑO, en un centro de peregrinaciones articulado en torno al fragmento de la Cruz de Cristo que cobija el templo, llegada desde Tierra Santa a O Carballiño en 1901 como regalo del Patriarca de Jerusalén, Monseñor Ludovico Piave, reliquia que había llevado en su pectoral el sumo pontífice Pio IX sus últimos meses de vida.





Se comienzan las obras en 1943, en forma de una gran iglesia del tipo de peregrinación medieval, con girola, mezclando artes como el románico y el gótico. 



Sin embargo el arquitecto no vio nunca acabada su obra pues falleció en 1945.




 El proyecto del arquitecto Antonio Palacios, destaca por su exterior escultórico y un interior realmente llamativo. No se puede evidenciar un estilo definido, pero no escapa la idea de la influencia gaudiana de la época, al visitarla.





La descomunal torre se construye en 1949 acabándose en 1957, después de un largo parón. Sin embargo el templo ya había sido abierto al culto unos años antes, oficialmente el 17 de septiembre de 1952, con motivo de la celebración del patrono de la villa, San Cibrán.




La obra nunca se llevaría a cabo sino fuera por el empuje y tesón del párroco Don Luciano, que mantuvo su puesto durante treinta años, el cual falleció en 1961con el templo ya concluido.




El templo de la Veracruz está construido sobre todo con granito y pizarra, piedras típicas del país.



 Destaca el ARCO PARABÓLICO DE LOS 12 APÓSTOLES, obra del cantero Xesús González...



... y también los dibujos de luz que crean las ventanas, ventanucos y huecos acristalados que permiten la entrada de haces que iluminan particularmente el templo.





Una torre de 52 metros de altura preside el frente del templo a modo de fortaleza medieval, al que se ensamblan diferentes secciones unidas por desniveles escalonados al cuerpo de la iglesia, lo que pretende simbolizar un cruceiro en una encrucijada de caminos. 



Las campanas serian el símbolo de la voz de cristo, los miradores serían los brazos y los tradicionales rosetones serian el pecho.



El pórtico se cubre  con gruesas nervaduras inspiradas en un gótico inicial, apoyadas en cuatro sólidos basamentos, trazados con contrafuertes de forma escalonada, como  prolongaciones del mismo suelo.


La nave, dividida en dos cuerpos, presenta en el primero el Baptisterio y la sacristía, inspirados en la arquitectura de los pazos y fortalezas de Galicia. 




Un gran arco parabólico, nos recuerda las parábolas de Jesús, y divide las dos partes, nave y rotonda. El arco nace de tres puntos distintos, en semejanza al Misterio de la Santísima Trinidad. A modo de dovelas, intercaladas con vidrieras, están los Apóstoles y Jesús, labrados in situ por el maestro cantero de O Carballiño, Xesús González.









La rotonda del crucero es una parte del templo en la que se esmera el arquitecto. Trazan el conjunto ocho gruesas columnas de base octogonal, exagerando la llamada “orden gallega” que caracteriza los fustes de los cruceiros y otras construcciones gallegas. Sobre ellas se yerguen los grandes arcos parabólicos que, su vez, acogen otras pequeñas arcadas escalonadas, tiradas del románico borgoñón.




Los ábsides secundarios los forman cuatro capillitas semicirculares situadas radialmente al eje diagonal de la rotonda.




El coro alto está dispuesto en tribuna escalonada, con arcos que se abocinan, creando perspectivas y tratando la difusión del sonido y de una luz bien medida.





El estilo, en su conjunto, es de difícil definición, por cuanto se trata de una amalgama de muy diversas formas arquitectónicas y escultóricas. No obstante, el historiador carballiñés Felipe Senén Gómez, erudito de la obra palaciana, que estudió profusamente en este caso, generalizando acerca de su arquitectura religiosa, dice que “sus templos son como una suma teológica de la arquitectura histórica de Galicia, en relación también con la arquitectura del Camino de Santiago, con la arquitectura inglesa, el atlantismo y, con los modelos y admiración de Palacios a la Escuela Vienesa”. Así, se observan influencias y  trazos de todas estas formas de construcción: PAZOS, MONASTERIOS (Oseira, Melón), CATEDRALES, IGLESIAS, CASTILLOS… La simbología está presente en cada uno de los elementos del templo y, en su conjunto, la Veracruz es todo un símbolo expresionista de la época.



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