En el sur de Ourense,
allí donde Galicia se vuelve frontera y mito, se encuentra Muiños, un municipio
que parece tejido con agua y piedra. Muiños se deja descubrir como un secreto
antiguo, contado al oído por el viento de A Baixa Limia (enlace a nuestra publicación). Este es un territorio
donde los caminos conducen a leyendas, los ríos murmuran historias romanas y
las aldeas aún conservan la sabiduría lenta de los antepasados.
Muiños es una de las
puertas de entrada al PARQUE
NATURAL BAIXA LIMIA–SERRA DO XURÉS, un espacio donde la
naturaleza aún gobierna. Montañas de formas abruptas, bosques de robles
centenarios y ríos cristalinos componen un paisaje de montaña impresionante,
con fauna y flora protegida e ideal para el senderismo.
Allí donde la tierra se afila y Galicia roza el alma de Portugal, se alzan AS GRALLEIRAS: un conjunto de picos graníticos modelados por siglos de viento, agua y silencio, adoptando formas imposibles que parecen esculpidas por una mano caprichosa y ancestral. Con alturas que rondan los 1.400 metros, As Gralleiras ofrecen algunas de las vistas más sobrecogedoras del sur de Galicia. Desde sus cumbres, el mundo se abre en capas de montes y valles, embalses que brillan como espejos lejanos y fronteras que se desdibujan hasta desaparecer.
Cuenta la tradición
que en estas sierras habitan espíritus antiguos (los mouros, constructores de los dólmenes y castros, guardianes
de tesoros escondidos en las mámoas; y las almas errantes que vagan entre la
niebla de las cumbres). No es raro sentir que alguien observa… pero sin miedo:
aquí la tierra cuida de quien la respeta.
El Río Limia atraviesa Muiños
cargado de historia. Los romanos creían que quien lo cruzaba perdía la memoria,
identificándolo con el mítico Leteo. Tal era el miedo que, según la leyenda, el
general Décimo Junio Bruto tuvo que cruzarlo primero, gritando los nombres de
sus soldados para demostrar que no había olvidado nada.
Entramos ahora en el
Muiños construido por manos humanas, en su memoria más antigua, donde cada
piedra fue colocada con paciencia…
En sus montes y
sierras, especialmente en el entorno de la Serra do Xurés, se esconden
numerosas mámoas (túmulos funerarios prehistóricos). Bajo estos montículos de
tierra y piedra reposan dólmenes que hablan de rituales funerarios de hace más
de 5.500 años. Caminar por esto lugares es hacerlo sobre un mapa invisible del
pasado, donde cada paso resuena con la certeza de que, mucho antes de nosotros,
alguien ya miró este mismo horizonte y decidió quedarse para siempre.
Uno de esos
extraordinarios monumentos megalíticos que llevan milenios saludando la salida
y la puesta del sol desde la valiosa necrópolis de Maus de Salas es, la enigmática
CASIÑA
DA MOURA (enlace a nuestra
publicación). No es solo un dolmen: es una puerta entre mundos. Su nombre ya lo
advierte, pues durante siglos se creyó que estas piedras eran morada de seres
antiguos, los mour@s, guardianes de tesoros imposibles y secretos que no deben
despertarse. La tradición popular decía que mover una sola de sus losas podía
atraer la desgracia… o algo peor: la ira de quienes habitan lo invisible.
Al otro lado de la
presa del Embalse de Salas, se distingue la CASOLA
DO FOXO (enlace a nuestra
publicación), y como aquella, se integrada
en el paisaje como si siempre hubiese estado allí, vigilando el paso del tiempo
y de las estaciones. A su lado, se ha reconstruido un Foxo do Lobo, que además
de dar nombre al dolmen, servía para cazar al temido depredador de estas
montañas.
No muy lejos de este
punto, casi como si formaran parte de un mismo relato pétreo, se extienden las NECRÓPOLIS
OUTEIRO DE CAVALADRE (enlace a nuestra publicación), compuesta por quince antas pertenecientes al Megalítico Final
(3000–2000 a. C.).
Aquí, la tierra fue escogida
para despedir a los muertos mirando al cielo, en un gesto solemne que une vida,
muerte y cosmos. Las piedras, dispuestas con intención y reverencia, aún
conservan la energía de aquellos que creyeron que el alma no terminaba, sino
que continuaba su viaje entre montes, estrellas y amaneceres.
Los restos de
antiguos castros -Taboadela (Barxés); Outeiro de Cela (Mugueimes); San Pedro de
Muiños (Muiños); Santa María do Castro (Guntumil)- muestran que estas tierras
estuvieron habitadas desde la Edad del Hierro. Situados en zonas elevadas y
estratégicas, permitían controlar el territorio y proteger a la comunidad. Muchos
de ellos están aún por excavar del todo, como si la tierra prefiriera guardar
ciertos secretos.
Para entender mejor
todos estos yacimientos, debemos visita el AULA
ARQUEOLÓXICA DO MEGALITISMO. Así, después, los veremos
sabiendo, escuchando, reconociendo que bajo cada piedra late una historia que
aún quiere ser contada.
Muchas de las
iglesias de Muiños están levantadas sobre antiguos lugares donde ya se veneraba
a la tierra antes de que sonaran las campanas. No es casual: aquí la fe nueva
se apoyó en la antigua para echar raíces.
El SANTUARIO
DA VIRXE DO CASTRO, enclavado en un
entorno natural privilegiado, se asienta sobre el cerro del Castro de Guntumil,
un lugar cargado de historia que se remonta a épocas prerromanas y que define
en gran medida el carácter y el atractivo de este templo. La fiesta de la
Virxe do Castro se celebra el 15 de agosto con una procesión desde la parroquia
hasta el santuario y viceversa.
Podrá sorprendernos
el camino con estampas inacabadas como la del SANTUARIO
DE OS MILAGRES DE COUSO, un espacio de peregrinación y esperanza, donde
promesas, agradecimientos y silencios se acumulan como piedras invisibles en el
corazón del lugar y donde la tradición popular asegura que los franceses no se
atrevían a pasar de este santuario. Su arquitectura, pese a estar inacabada,
muestra la grandiosidad con la que fue planificada.
La devoción mariana
tiene en la CAPILLA
DA CLAMADOIRA un santuario de
hermosa romería, donde la tradición asegura que se convocaba la lucha contra
los mouros. El lugar, con una inmejorable panorámica del valle de las
Conchas y rodeado por robles, seis de ellos, centenarios, cuenta con varias
mesas, fuente y un hermoso crucero. Cuenta la tradición
que bajo las raíces de un viejo carballo que protege la ermita, duerme un
tesoro oculto enterrado por manos antiguas y custodiado por fuerzas que solo se
dejan sentir al caer la noche.
El camino nos conduce
hacia templos como la IGLESIA
DE SAN PEDRO, guardiana de rezos
antiguos y silencios prolongados. Junto a ella se alza la Rectoral, hoy
convertida en alojamiento turístico. Y no muy lejos, entre prados y muros de
granito, se alza el PAZO DE OS TEXADA,
uno de los edificios con más solera de Muiños, testigo de un pasado hidalgo donde
la piedra hablaba de linajes y poder.
A la entrada de
aldeas, en cruces de caminos o junto a iglesias, PETOS
DE ÁNIMAS y CRUCEIROS
protegen a los vivos y guían a las almas. Se decía que quien se detenía a rezar
ante uno al anochecer regresaba a casa acompañado… pero a salvo.
Muiños hace honor a
su nombre. Los MOLINOS de agua, repartidos por ríos y regatos, fueron
durante siglos el centro de la vida comunitaria. Allí se molía el grano… y
también se compartían historias, amores secretos y cuentos de miedo. Algunos
dicen que ciertos molinos están encantados, y que al anochecer aparece la moira,
peinando su cabello dorado junto a la corriente.
En la zona de A
TORRENTE, se esconden conjuntos de molinos tradicionales, alineados
junto al curso del río como si formaran una pequeña aldea paralela. Sus muros
de piedra, cubiertos de musgo y memoria, recuerdan una época en la que el agua
no solo corría: trabajaba. Muy cerca, una pequeña ÁREA RECREATIVA invita
a detenerse, a sentarse sin prisa y a escuchar el diálogo constante entre el
río y los viejos molinos. Es un lugar perfecto para descansar el cuerpo y dejar
que la imaginación viaje, porque aquí cada chapoteo parece arrastrar historias
de molineros, noches largas y leyendas compartidas al abrigo del sonido del
agua.
Pequeñas aldeas
suspendidas en el tiempo, como la histórica SALGUEIROS,
hoy abandonada, conservan intacta la esencia de la Galicia rural y sobreviven
en silencio. Caminar por Salgueiros es hacerlo por un lugar donde la vida se
detuvo sin desaparecer del todo, como si sus habitantes hubiesen salido un
momento… y el tiempo hubiese decidido esperarles. Cada esquina respira memoria,
y cada muro parece querer contar cómo era el mundo cuando todas sus casas
estaban habitadas. Para acceder hay que pedir autorización en la en la Sede del
parque Natural do Xurés (Lobios): https://patrimonionatural.xunta.gal/baixa-limia-serra-xures
Las viviendas
tradicionales de estos pueblos son auténticos refugios contra el tiempo y el
clima. Construidas en granito, con muros gruesos y pocas ventanas, guardan el
calor en invierno y la frescura en verano. Muchas conservan todavía hornos
exteriores, lareiras humeantes y balcones de madera desde los que se vigilaba
el cielo y las cosechas. La leyenda dice que algunas casas se levantaron sobre
antiguos lugares encantados, y que por eso hay hogares donde el fuego nunca se
apaga del todo… aunque nadie lo avive.
Aquí el tiempo avanza
despacio, como si tuviera respeto por quienes aún saludan al vecino y miran el
cielo para saber qué tiempo hará mañana.
Los HÓRREOS se
alzan como pequeños templos del pan. Elevados sobre pilares para proteger el
grano de la humedad y los animales, son símbolo de abundancia y previsión.
Las EIRAS,
espacios abiertos para la trilla, eran también lugares de reunión. Aquí se
cantaba, se discutía y se contaban historias al caer la tarde. Se decía que
quien silbaba de noche en una eira podía llamar a presencias que no eran de
este mundo.
Viejos PUENTES
de piedra y corredoiras empedradas conectan aldeas y pastos. Estos caminos no
solo servían para el tránsito humano, sino también para el ganado y las
procesiones. Se creía que en los cruces de caminos era donde el mundo de los
vivos y el de los espíritus se tocaban.
El EMBALSE DE AS
CONCHAS cubre hoy lo que un día fueron campos y caminos. Bajo sus aguas,
dicen los más viejos, descansan aldeas enteras y campanas que aún suenan en
noches de luna llena. Sus orillas son perfectas para caminar sin rumbo,
observar aves o simplemente sentarse a escuchar cómo el agua guarda los
recuerdos de lo que fue.
El agua, siempre
generosa en Muiños, se convierte aquí en juego, descanso y horizonte. En el COMPLEJO
TURÍSTICO DE O CORGO, el viajero encuentra playas fluviales, zonas de
merendero a la sombra y un abanico de actividades náuticas —piragüismo, kayak o
vela— que invitan a deslizarse sobre la superficie tranquila del embalse como
quien navega un espejo.
Este enclave, situado en el PARQUE NATURAL DE OUTEIRO DE CELA, cuenta además con camping y albergue, pensados para quienes desean quedarse a dormir cerca del agua y dejar que la noche complete la experiencia. No es casual que este lugar respire vida: aquí se llevó a cabo una importante labor de repoblación forestal, con la plantación de más de 30.000 árboles de 60 especies distintas, un gesto de reconciliación entre el ser humano y el paisaje.
El anegamiento del valle del Salas tras la construcción del EMBALSE DE SALAS (enlace a nuestra publicación), también dio lugar a una enorme lámina de agua, un mar interior que transformó para siempre el curso natural del río y el destino del territorio. Bajo sus aguas quedaron caminos, prados y recuerdos; sobre ellas nació un nuevo paisaje, sereno y melancólico.
Este vasto espejo se
integra hoy en el PARQUE
NATURAL BAIXA LIMIA–SERRA DO XURÉS, donde la naturaleza
vuelve a imponerse con belleza contenida. En sus alrededores aparecen espacios
pensados para la pausa, como el ÁREA RECREATIVA situada en las
proximidades de Requiás y Guntumil, lugares ideales para hacer una pausa en las
diferentes rutas de senderismo que lo recorren.
Por todo ello, Muiños
se revela como un destino hecho a la medida de los espíritus inquietos: amantes
de la naturaleza en estado puro, del turismo activo, de las rutas arqueológicas
que caminan entre milenios y de quienes encuentran en el senderismo y el
ciclismo una forma de diálogo con el paisaje, pues ofrece un total de nueve rutas BTT con más de
200 kilómetros señalizados (folleto).
Entre bosques, agua y
piedra antigua, Muiños se deja recorrer a pie a través de SENDEROS que
son mucho más que caminos, cada ruta no solo conduce a un lugar, conduce a una
forma distinta de mirar, de escuchar y de entender el paisaje
Así, el SENDEIRO LEVADA XERMEADE
acompaña el fluir constante del agua, siguiendo antiguas canalizaciones, donde
el murmullo del agua marca el ritmo y el paisaje se despliega sin prisas.
La RUTA DOS MUÍÑOS
DA TORRENTE sigue el curso del Río Corga, adentrándose en una zona sinuosa
y sombría donde el agua fue motor y sustento. A lo largo del recorrido aparecen
los antiguos molinos, diseminados como cuentas de un rosario de piedra,
recordándonos una forma de vida ligada al esfuerzo compartido y al pulso
constante del río.
Más exigente, pero
igualmente evocadora, es la RUTA TORRENTE–SALGUEIRO, un sendero lineal
de 12 kilómetros que conecta paisajes y memorias, llevando al caminante hasta
la histórica aldea de Salgueiros.
Y para quienes desean
caminar entre milenios, la RUTA MEGALÍTICA ofrece un recorrido lineal de
5 kilómetros jalonado por dólmenes y restos prehistóricos. Aquí, el sendero se
convierte en una lección silenciosa de historia: piedras erguidas que aún miran
al cielo, recordándonos que antes de los caminos ya existían los rituales.
Dejarse llevar por Muiños también es aprender a mirar. Y para eso, nada mejor que detenerse en sus miradores, balcones naturales donde el paisaje se abre como un antiguo mapa desplegado al viento. Desde el MIRADOR VAL DO LIMIA, el valle se muestra amplio y sereno, siguiendo el curso del río como una historia bien contada. El MIRADOR DO LETHES debe su nombre a la célebre leyenda romana que identifica al Limia con el río del olvido. El MIRADOR DO CORGO ofrece otra perspectiva, más íntima, donde el agua y el bosque dialogan sin interrupciones. Y el MIRADOR DE MUGUEIMES (enlace a nuestra publicación) regala una panorámica donde la mirada se pierde —feliz— entre agua, historia y montaña.
Afinando la
vista, al otro lado del embalse, se distingue una silueta cargada de pasado: AQUIS QUERQUENNIS (enlaces
a nuestras publicaciones), recordándonos que
incluso el horizonte está habitado por la memoria.
Para bajar el ritmo,
Muiños ofrece también espacios pensados para la pausa. El ÁREA RECREATIVA DE
PRADO, atravesada por el río Salas, invita a detenerse bajo la sombra.
Mesas cubiertas, zona de barbacoa y un molino rehabilitado y señalizado
completan un entorno donde naturaleza y tradición se dan la mano.
Y para quienes buscan
un contacto aún más directo con la montaña, nada como refugiarse en el REFUXIO DE
MONTAÑA O PISCO, un lugar donde el silencio es profundo y el cielo
nocturno parece más cercano. Aquí, lejos de todo, uno comprende que en Muiños
no hace falta hacer mucho para sentirse pleno: basta con estar.
Por último, el verano
en Muiños también se saborea. En Mugueimes destacan dos fiestas gastronómicas
muy singulares.
El primer fin de
semana de agosto se celebra la FIESTA DE LAS SOPAS DO BURRO CANSO, una
cita tan popular como divertida. La jornada combina feria de artesanía, bajada
de carrilanas y una pintoresca procesión de burros, culminando con la
degustación de las tradicionales sopas (pan, vino y azúcar). Por la noche, la
música toma el relevo en la playa de A Rola, dentro del Complejo Turístico de O
Corgo, con el festival Muiños Dance, de entrada gratuita.
El segundo fin de
semana de agosto llega la emblemática FIESTA DEL GALO PICA NO CHAN. Los
galos, criados en libertad y alimentados de forma natural, son seleccionados
previamente para garantizar la calidad de la carne. La celebración reúne a
cerca de un millar de personas en una comida popular, acompañada de pregón,
música en directo, grupos folclóricos de España y Portugal y una verbena
nocturna que alarga la fiesta hasta bien entrada la noche. Dos celebraciones
que resumen a la perfección el espíritu de Muiños: tradición, producto local y
ganas de compartir.
Visitar Muiños es aceptar una invitación a caminar sin prisa, escuchar sin ruido y dejar que el paisaje te cuente su historia. Y quien se va, lo hace sabiendo que este rincón del sur de Galicia no se olvida… porque Muiños, como el Limia, no borra recuerdos: los siembra.
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