IGLESIA DE SANTIAGO, BETANZOS

La Iglesia de estilo gótico del siglo XV, fue edificada por Fernán Pérez de Andrade "O Mozo", señor feudal de la comarca, sobre otra más antigua románica. Es la iglesia matriz de la ciudad y constituye una bella muestra de la transición del románico al gótico.


La fachada principal se reconstruye entre los años 1899 y 1901, debido al mal estado en que se encontraba la anterior, sustituyendo su antigua torre por dos nuevas torres rematadas por largas agujas de cemento, las cuales se identifican desde cualquier punto de la ciudad.


En ella se conserva la PORTADA gótica dedicada a Santiago.


Merece especial atención el tímpano, con una curiosa imagen de Santiago caballero y una dama orante en actitud de agradecimiento a los pies de su caballo. Representaría al Apóstol tras librar a los monarcas cristianos hispanos (s. IX), del legendario tributo de las cien doncellas que debían entregar a los musulmanes.


Presenta arquivoltas con diversas series de figuras vegetales y animadas. En el centro, un Cristo que no sólo luce los estigmas de la Pasión bien visibles en manos y pies, incluida en el costado la herida producida por la lanza de Longinos,... 



...sino que, además, se ve acompañado por una serie de personajes, alguno de los cuales, requiere, por su circunstancia, atributos y situación, una especial atención.


De la imaginería desplegada a ambos lados de la figura central, probablemente referencias a apóstoles y profetas, llaman la atención, algunos rostros barbados que parecen materializarse desde lo más profundo de la piedra. 


Merece la pena fijarse igualmente, en la figura femenina que ocupa un indiscutible lugar de preferencia al lado del Salvador, por delante de las dos figuras que, por sus atributos, podrían perfectamente corresponder a los dos pilares de la Iglesia: los apóstoles Pedro y Pablo. Portadora de un frasco o recipiente en las manos, representa a María Magdalena.



En la arquivolta inmediatamente superior a ésta, observamos en el lado izquierdo de la figura central, la representación de su Madre con el Niño en brazos. Pero hay algo más, curioso, extraño y relevante a la vez, en el diseño y personajes. En cuanto al diseño, señalar que la arquivolta en cuestión, está constituida por al menos una decena de elementos que, a la manera de arquillos lombardos (por citar un parecido más o menos razonable), conforman uno de los símbolos determinantes que aparecen en los crismones: la letra griega omega, que señala el fin, en contraposición al sentido de principio que conlleva su opuesta pero complementaria, la letra alpha. Y lo más curioso todavía, esas parejas de guerreros que se observan entre los huecos, una alusión inequívoca para algunos, a esa orden religioso-militar, que tuvo una poderosa presencia en Betanzos hasta su permuta en tiempos del rey Alfonso X. El Temple.


Cuatro pares de columnas adosadas, con capiteles de gusto románico, sostienen dicha portada.





La temática de estos capiteles, podría ofrecer la sensación de un figurado descenso a los infiernos, como contraposición a esa deliciosa gloria celestial que envuelve al Cristo en Majestad. Observarnos que, junto a la presencia de los elementos de índole mitológica y amenazadora que caracteriza, por regla general, a este tipo de construcciones “arpías, dragones, serpientes y demonios”, que constituían todo un ejemplo del tránsito del alma por los diferentes estadios del inframundo. 





Aparece uno, en particular, cuya repetitividad, sugiere, quizás, una llamada de atención por parte del cantero: el león.




Otro animal no menos simbólico, reclama así mismo la atención, se trata del lobo. El capitel en cuestión, nos muestra a una figura arrodillada, en actitud de rezo, a la que parecen acechar varios lobos. La idea más generalizada –y de hecho, la más fácil e incluso convenientemente correcta, según los cánones establecidos-, sería la de ver en ellas una alegoría a la Iglesia y sus enemigos; pero no olvidemos, por contrapartida, que precisamente éstos, aquellos que la Iglesia calificaba de herejes –pongamos como ejemplo, agnósticos y cátaros, entre otros muchos-, se referían a ella y a sus servidores, como los lobos de Roma. En algunos ámbitos heterodoxos, no obstante, se cambiaba el calificativo de lobo por el de zorro. He aquí, algo para meditar, pues, como bien decía Álvaro Cunqueiro, no estaría de más preguntarse: ¿qué turba el corazón de un santo que pueda también turbar el corazón de un lobo?


  
Sobre la puerta se sitúa un rosetón, que da paso a la cornisa decorada con arquitos ciegos.



Además de la puerta principal existen otras dos  laterales. La norte es apuntada, de sencillas molduras. 


Un par de columnas adosadas...



... y una cruz en bajorrelieve en el tímpano, componen toda su decoración.


De la puerta sur queda sólo el tímpano empotrado en el extremo de un túnel que se abre en la iglesia, tiene esculpido al interior un Santiago a caballo y al otro lado Cristo rodeado de cuatro figuras y los instrumentos de su Pasión; esta puerta, llamada Santa, era por donde los peregrinos, que iban a Santiago y visitaban el SANTUARIO DE LOS REMEDIOS, accedían al templo.


En el ábside hexagonal, además de sus robustos contrafuertes, destacan los rosetones, ventanales y una buena colección de canecillos de distinta temática.









A mediados del siglo XVI se construyó la torre municipal o del "Reloj" adosada al ábside. Posee una altura de 17’70 metros incluidas las perillas situadas sobre la cornisa del pretil construido como remate superior. Se trata de un edificio prismático de sillares que inscriben un hexágono sobre una base también irregular, en la que se integraron las escaleras de tres escaños que dan acceso a la puerta situada al nordeste, desprovista de cualquier elemento de adorno. La torre está formada por dos cuerpos ceñidos por molduras horizontales que los separan, coincidiendo la más elevada con la base de la azotea en cuyos ángulos se instalaron las gárgolas, en forma de cabeza de perro de presa o dogo; en los que se abren tres vanos rectangulares o troneras de reducidas dimensiones, uno en el primero y dos en el segundo, con el fin de proporcionar claridad a las escaleras graníticas de caracol, adosadas al muro, que conducen al ajarafe. 







 En el segundo cuerpo se situaron al mismo nivel y en lados consecutivos, dos escudos con las armas de Betanzos, orientados al norte y al este, y el reloj público municipal entre ellos, en idéntica orientación que la puerta de acceso, y por el costado del nordeste se abre una puerta, provista de barandilla metálica y un arco tapiado sobre ella, que conduce al terrado.



Una curiosa inscripción se localiza en uno de los contrafuertes del ábside. Se trataría de la inscripción “A´Gaeltacd”, en el exterior del ábside del templo, y que se traduciría como “zona de habla gaélica”.  Más arriba de la susodicha inscripción, perviven varios símbolos que no sólo son idénticos a los que se pueden encontrar en la cercana IGLESIA DE SAN FRANCISCO, sino también entre los muchos que se constatan en las losas que se custodian en la iglesia de SANTA MARÍA A NOVA, en Noia. Una vara, unas tijeras y el árbol de la vida. 


Unos metros por debajo hay una cruz del Temple.



Además de todo lo anteriormente mencionado, en los muros exteriores de la nave del evangelio, resaltamos el rosetón...




... y unos llamativos símbolos, grabados seguramente por los canteros que realizaron tan singular obra maestra.  




La iglesia posee planta basilical. Consta de tres naves, más ancha la central que las laterales, con tres ábsides. 



Ábside del Evangelio


Capiteles de dicho ábside



Ábside de la Epístola

Los pilares de la nave son de sección cuadrada con semicolumnas en los frentes, coronados por capiteles con diferentes representaciones.





 


 

Destacamos una pieza arquitectónica declara condición jacobita, un capitel que corona uno de los columnarios de la nave lateral, hastial de la Epístola, en el que se representan a varios peregrinos medievales con sus atributos, sin faltar las características vieiras.



La capilla mayor, presidida por la imagen del Salvador entre la Virgen y Santiago peregrino, se cubre con una bóveda de ábaco con nervios de perfil rectangular.



Por el hastial sur se abren cuatro capillas, que retocan la planta de esta iglesia.


La más sobresaliente, conocida como la CAPILLA DEL ARCEDIANO, está protegida por una reja de hierro forjado, obra de Guillén Bourse. Fundada y dotada en el primer cuarto del siglo XVI, por el canónigo compostelano don Pedro de Ben, rector que fue de la indicada parroquial. Desempeñó los cargos de arcediano de Trastámara, en la catedral jacobea, y de Abeancos, en la de Lugo, habiendo prestado en el Vaticano, como «scriptor» y protonotario apostólico, muy importantes servicios a su archidiócesis..


En múltiples aspectos, recuerda la del antiguo HOSPITAL DE LOS REYES CATÓLICOS de la ciudad del Apóstol. Constituían la base económica de esta capilla (a cuyo servicio hallábanse adscritos ocho sacerdotes) las rentas de unas viñas ubicadas en las proximidades de Betanzos y un juro de 20.000 maravedíes situados en las alcabalas, diezmos y alfolíes de la misma ciudad. Por acuerdo del Concejo, estuvo depositada aquí durante algún tiempo (antes de construirse quizás la primera Casa Consistorial), el arca de los privilegios brigantinos, que se guardaba anteriormente en el monasterio de San Francisco.



Perro gaiteiro




El RETABLO isabelino de San Pedro y San Pablo, de gran riqueza ornamental, está considerado como una de las piezas más representativas del plateresco. La pieza, de madera de nogal, que data del siglo XVI, es obra de Cornielles de Holanda. Mide unos siete metros y medio y su anchura supera los cuatro metros.


En los edículos, las imágenes de San Pedro, San Pablo y San Gregorio, todas ellas de exquisita labra, lo mismo que las restantes efigies (Santa Bárbara, San Roque, la Magdalena, la Virgen de las Angustias...) que figuran en los sectores central y superior del extraordinario conjunto. Obsérvese que algunos motivos ornamentales parecen sugeridos por el reciente descubrimiento de América, tema éste que mucho se prodigaba por aquella época en las construcciones de carácter monumental.




En el lateral izquierdo de la capilla, se pueden admirar la SEPULTURA DE DON PEDRO DE BEN (muerto en 1525). Construido en piedra granítica, a los pies de la efigie se observa un escudo sostenido por un león con el emblema, que por aquellas fechas figuraba en el sello de la feligresía: león, faja y venera, elementos que aparecen asimismo en los paveses que portan los desnudos y vellosos atlantes que flanquean el retablo, así como en los blasones que decoran la parte superior de éste y en la clave central de la bellísima bóveda estrellada de la capilla. En el sarcófago, en su cara frontal, ostenta el siguiente epitafio escrito en lengua latina: «HIC IACET. CORPVS.D./ P. D. BEN FVNDATORIS. / HVIVS. CA.VI. AN. CDF. / XXV. APP M.D. XXV.»



La estatua yacente del arcediano es una escultura verdaderamente magistral. Perfecta de líneas y paños, magnífica la expresión del rostro, retrato fiel, seguramente, del ilustre muerto. El artista ¿Cornielles también? lo presenta, como dignidad eclesiástica que era, con mitra tachonada de variada pedrería y espléndida y ampulosa capa pluvial, ambas piezas delicadamente cinceladas.



Además de la notable sepultura del fundador, contemplaremos otro soberbio enterramiento (tal vez de algún deudo de aquél).




En otra capilla gótica ubicada en la zona sur, más primitiva, del siglo XV, podemos ver un retablo en el que encontramos una imagen de San Antonio Abad, patrono del gremio de los labradores. Interesantes son también las capillas de San Marcos y de la Visitación de Nuestra Señora (primitiva de los alfayates).












En la curiosa Capilla de la Virgen de Lourdes, difícilmente visible, está la TUMBA DE GÓMEZ GARCÍA DE LA TORRE, del siglo XVI. 



La figura yacente viste ropas sacerdotales, amplia capa y birrete.


También se guarda en el templo, una Custodia de Corpus construida por el Orfebre Bernal Madera, en plata labrada, con cuatro pisos rematados por una cruz sostenidos por columnas pequeñas, además de lucir variada decoración como santos, sirenas, ángeles, etc.(Tiene la particularidad de haber sido pagada parte del importe que costaba, con vino).






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