IGLESIA DE SANTIAGO DE CEREIXO, VIMIANZO

Una pequeña plaza que se abre a los pies de las impresionantes TORRES DE CEREIXO, nos descubrirá importantísimos valores patrimoniales; históricos; naturales y culturales de la significativa VILLA DE CEREIXO.






Uno de ellos es la IGLESIA DE SANTIAGO DE CEREIXO, de estilo Románico, conserva su arquitectura casi íntegramente.



La construcción data de mediados del siglo XII, y consta de una sola nave con cubierta de madera y cabecera cuadrada cubierta por una bóveda de cañón reforzada por un arco fajón sobre semi-columnas pegadas.




Tiene dos hermosos pórticos en las fachadas sur y oeste. Este templo fue, posiblemente, un lugar de parada para peregrinos que llegaban por mar al puerto de Cereixo y se dirigían a pie hacia Santiago.





La nave corresponde a una fase algo posterior, ya en el siglo XIII. Aquí es donde encontramos lo más destacado de esta iglesia: la puerta en el muro sur, donde el tímpano contiene una representación de la traslación del cuerpo del Apóstol Santiago a Galicia, la TRASLATIO BEATI JACOBI (entradas relacionadas del blog), en una barca de piedra acompañado por siete discípulos, navegando sobre un mar de olas esquematizadas.



En el interior del bote, sobre la borda, está un cuerpo yacente, que correspondería con el Apóstol Santiago, y más atrás, las siete figuras alineadas de los discípulos. La central es la de mayor tamaño y sostiene una especie de báculo, los dos personajes contiguos extienden sus brazos hacia la figura tendida, en un gesto con el que el artista pudo querer representar una actitud de protección hacia el cuerpo. Las otras cuatro figuras ocupan los extremos, dos a cada lado, son de menores dimensiones y solamente se observan sus voluminosas cabezas.


Esta escena hace de esta pieza una creación única, no sólo dentro del Románico gallego, sino de toda la Península, ya que solamente se conservan cuatro obras románicas en las que se trata este tema y dos de ellas son gallegas (la otra es una moneda encontrada en una necrópolis en O Grove-Pontevedra). Al ser de distinta época que el interior del templo, su autor también es distinto. Es posible que fuese el mismo que realizó el tímpano de Moraime, en el municipio vecino de Muxía: un cantero vascón llegado de tierras francesas como tantos otros que participaron en las obras de la catedral de Santiago de Compostela, y que posteriormente expandieron sus trabajos por estas tierras. La calidad del relieve es muy notoria por el gran realismo y las sencillas formas que el escultor imprimió en este trabajo, en el que esculpe, por ejemplo, las olas que mecen la barca que traslada el cuerpo del Apóstol acompañado de sus discípulos.


El tímpano está apoyado en las jambas de la puerta. Está rodeado por dos arquivoltas de medio punto, muy similar a la arquivolta menor de la puerta meridional de Moraime, de ahí que se piense que es del mismo autor. Ocupando la clave de esta arquivolta aparece un personaje imberbe, con larga vestidura talar que lo cubre desde el cuello hasta los pies. En la cabeza lleva una mitra puntiaguda, sostiene un báculo de remate curvo en su mano izquierda y levanta la derecha en actitud de bendecir. Se trata de un personaje eclesiástico, posiblemente un abad o un obispo.




El arco mayor se cubre con una decoración de circunferencias secantes, como las de las basas de esta misma puerta, un motivo de limitada extensión en el románico gallego.




En la clave se dispone una nueva figura muy deteriorada. Se trata de un ángel de alas desplegadas, que parece volar sobre la escena. En una de sus manos porta un incensario, que, por necesidades de adaptación en el marco, se dispone horizontalmente indicando un movimiento pendular. Los ángeles turiferarios no son ajenos al Románico, ya que desde comienzos del siglo XII los encontramos en distintos motivos, por ejemplo, en el tímpano izquierdo de la portada de Platerías, en Compostela.


También es muy relevante el conjunto de canecillos bajo el alero que se conservan en el exterior del muro sur de la nave. Animales, representaciones vegetales y humanas (acróbatas, lectores, alusiones a las Sagradas Escrituras…) aparecen en una sinfonía pétrea singular en la zona.








Este tipo de imágenes en las que se plasman los vicios y pecados, especialmente los de la carne, fueron muy abundantes en el románico rural gallego, y generalmente están dispuestas en los márgenes de la iglesias, sobre todo en los canecillos, el marco en el que se desarrollarán numerosos temas marginales, pecaminosos o mundanos, marcando así los límites de lo profano y advirtiendo a los fieles de que era indigno de entrar en el espacio sagrado del interior del templo si hubiese caído en pecado o si hubiese cometido alguna impureza.






La fachada de la iglesia, de esquema geométrico sencillo, guarda el acceso principal con un tímpano exento de decoración. El arco de medio punto descansa sobre capiteles de decoración vegetal. Sobre él, un pequeño vano ilumina el coro alto, rematado por una espadaña de trazo sencillo, añadida en un momento posterior.







La volumetría de su conjunto recuerda al de otros modelos del románico rural que se encuentran en el mismo municipio de Vimianzo como las iglesias de San Miguel de Treos, San Sebastián de Serramo y Santo Antoíño de Baíñas.



Desde la plaza, donde se sitúa el CARBALLO CENTENARIO, también accedemos a su fabuloso PASEO FLUVIAL colmado de naturaleza, al que asoman los miradores de las viviendas y casas señoriales como VILA PURIFICACIÓN, con su MONUMENTAL HÓRREO y PALOMAR. Curso fluvial donde en su desembocadura, un atractivo MOLINO DE MAREAS aprovecha sus aguas y las de la ría desde 1676.






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